«La cultura popular es un gesto de extrema poética»

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Entrevista a Marcos López | Por Andrea Sosa Alfonzo | Fotos: Liza Taffarel

Marcos López* nos recibió cuando estaba a horas de inaugurar lo que fue su muestra, “Rancho”, en Rosario. Con las manos cargadas de pintura se dispuso a hablar sobre el arte, el centro-periferia, la fotografía con celular, el devenir de lo nacional popular, las contradicciones y los mandatos, el mestizaje y por qué debemos permitirnos hacer algunos chistes para que este mundo sea un poco menos horrible.

 

Suite Bolivariana,  Pop Latino, Vuelo de Cabotaje, Sub-Realismo Criollo, por mencionar algunas de tus series, proponen un devenir del ser nacional (¿?) y nuestroamericano. ¿Con qué sentidos socialmente instalados rompen estas obras?

-Creo que mi obra artística tiene una continuidad. Las series o los distintos trabajos no son compartimientos estancos, todo se interrelaciona. En un momento tenes que ponerle un nombre a algo: lo tenes que entregar a las cuatro de la tarde y a las tres y media decís se me tiene que ocurrir algún título. Los títulos quedan: Suite Bolivariana, Pop Latino….y si bien no son tan importantes los títulos, aun así después las series se tienen que parecer al título.  Sub-Realismo Criollo tiene que ver con el surrealismo, con la mala copia de la periferia, queremos copiarle al surrealismo de los franceses pero nos sale un poco mal. Uno de los inventores del surrealismo francés va a México y le dibuja en perspectiva una mesa a un carpintero mexicano, y entonces él carpintero le trae la mesa físicamente perspectivada. Y el tipo dice: “Éstos son más surrealistas que nosotros”. Siempre hablo de la fuerza del mestizaje, la energía de la América, india, negra, mestiza, el resentimiento del mestizaje, el dolor de los conquistados reciclado y formando una nueva energía, que sin duda, es más fuerte y con más potencia que lo que serían los centros de convalidación del conocimiento de Occidente.

Sin duda que mi obra es política, todo artista es político. Tampoco tengo que sacar conclusiones definidas, borro con la mano lo que escribo con el codo. No voy a escribir en mármol. Por ejemplo, ahora me interesa pensar sobre la estatua de Monzón que hay en Santa Fe, una ciudad le hace una estatua de cinco metros a un boxeador porque pegó más fuerte que otro y ganó. Se me ocurre que en ese golpe hay todo un enojo por una discriminación, un resentimiento, una infancia de pobreza. A ese señor le hacen una estatua en una ciudad, y tiró a la mujer por la ventana. ¿Qué hacemos con la estatua, la dejamos, la sacamos? Voy caminando con mi hijita de 6 años y me dice: “Papá, ¿de qué es esa estatua?”. Y está complicado. Entonces, en este momento estoy trabajando sobre la imagen de Monzón pero creo que como artista no tengo que dar una respuesta final. En cambio, se me ocurre una respuesta filosófica: dejar la estatua está mal, sacarla está mal. Prefiero poner aspectos sobre la mesa como conflictos de identidad nacional, de centro-periferia, situaciones existenciales: para qué vivimos, cómo hacer de este mundo un poquito menos horrible. Es decir, compro verduras orgánicas en una boutique muy sofisticada, pero para llegar a las verduras orgánicas tengo que ir caminando por encima de gente que duerme en la puerta de la verdulería orgánica. Los que compran mi obra son los sojeros, dentro de 30 años van a hacer todos desiertos pero el Pop Latino decora las casas de los sojeros, sojeras, sojeres. Mi hija me dijo que no hay que hacer chistes de lenguaje inclusivo y no se puede hacer chistes de nada. Eso es un problema también porque el humor es necesario.

-¿Y qué sucede con estas contradicciones, cuál es la lectura que hace “el primer mundo” de la realidad sudamericana?

Por momentos me dejan de importar los centros de poder del arte mundial. Si vienen del MOMA a proponerme una restrospectiva, encantado. Pero ahora estoy haciendo una muestra en Santa Fe y estoy muy entusiasmado con lo local y es porque trabajo con una poética de lo local. Ya no me importa mucho dividir el mundo entre norte-sur. Creo que los paradigmas están totalmente cambiados. Los chinos son los dueños de la Argentina, le dicen a Macri o a Cristina, ahora necesito que plantes soja. Los artistas en cambio funcionamos para no morir de tristeza y es muy poco lo que podemos hacer: generar una pequeña reflexión. Lucrecia Martel decía que los artistas tenemos que vigilar a los políticos, que sientan que siempre estamos atentos. Alguien me dijo ¿puede ser que Concordia sea una de las ciudades más pobres de la Argentina, con la periferia de estados de desnutrición y pobreza más extremos? Cómo puede ser que una ciudad en una cuenca mesopotámica tenga esos niveles de pobreza tan desesperantes. Busco refugiarme en mi obra, en la pintura que funciona como un radar de los estímulos y me siento un privilegiado, porque puedo vivir generando un gesto poético. Y también borro las barreras de América Latina como si fuera mi propio territorio. Me siento desmedidamente latinoamericano, prefiero ir a Asunción del Paraguay que a París.

-En tu obra aparece una cosmovisión ligada a las composiciones icónicas, con estereotipos y la construcción de personajes que hacen a los lugares. Pero cuáles son las historias que están atrás de esas composiciones….

-Todo lo que uno hace como artista es un mix entre las emociones de la primera infancia, las escenas emocionales que marcaron tu quiebre, que te desestructuraron afectivamente, se mezclan con tu visión de una realidad sociopolítica. Yo hablo como el provinciano que era monaguillo de la escuela de los curas de Gálvez. Una vez un ayudante de un cura me dijo que Dios refirió: A los tibios de mi boca los vomito. Y yo, me sentí todo vomitado. ¿Para qué le vas a decir eso a un chico? Es algo abusivo decir eso. En su última película, Almodóvar trata de exorcizar todos esos preceptos de la educación tan horriblemente compartimentada con represiones en la sexualidad. Me sentí muy cercano a Almodóvar. Sin embargo, ahora estoy filmando a mi mamá y a mis tías rezando, y me parece bien que lo hagan. Trato de ejercitar un poco más la compasión, y pienso que ahora los adolescentes usan métodos autoritarios para defender causas con las que estoy de acuerdo…

-¿Y esa forma de ver la vida de un modo taxativo no es también el mismo modo en que la viviste vos de joven? ¿O crees que hay un cambio de época?

-Cuando era joven decía a todo que sí, creo que fui una persona atravesada por un talento en la visualidad muy poco común, por eso no creo mucho en las escuelas de arte. Nadie te puedo enseñar a componer viste, ¿qué te van a decir? El rojo más arriba, el verde más abajo. Cuando doy clases no hablo de fotografía, hablo de ejercitar el tono de la voz y genero todo una confusión en la gente.

Pienso que el mercado del arte es como una cosa horrible. Y también ocurre que mañana me vas a ver tomando un champagne con Eduardo Costantini, el director del Malba y vas a decir ¿Cómo, no me dijo esto ayer, Marcos? Y sí, toda convicción es una cárcel. Soy crudivegano y mañana me como un bife.

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-Esto de “la memoria y la identidad en un mantel de hule”, ¿le hace honor al sentir patrio argento?

-No me gusta la palabra argento. Pero mirá, está el arte, la artesanía popular, las palanganas. Miro cada vez con más respeto el arte popular, la delicadeza de las costumbres populares como un aprendizaje: las chancletas de la señora de Concordia que le tira agua al patio y lo barre para tenerlo prolijo; y lava los calzones en una palangana y los tiende en el alambrado con mucha delicadeza porque sabe cuidar sus cositas. Mi observación hacia la cultura popular es un modo de aprender y es un gesto de extrema poética: la combinación de colores, las texturas, el mantel de hule. Fue Leonardo Favio quien se refirió el mantel de hule.

Otra palabra que me gusta es la tilinguería, creo que la dijo (Arturo) Jauretche. Por eso estoy tan contento con la obra que estoy haciendo aquí, ponerle un Rancho al Colegio de Arquitectos en una de las cuadras más paquetas y patricias de Santa Fe, a dos cuadras de la Inmaculada Concepción….José no la tocó a la Virgen María, quedó embarazada por la por la gracia divina. ¿Cómo no vamos a tener problemas en el desarrollo de nuestro erotismo y nuestra sexualidad, si me enseñaron en la escuela eso? ¿Por qué José no la tocó? Y nosotros estamos en esta zona donde a una cuadra está la Inmaculada, está el Jockey Club y en la otra cuadra, el Club del Orden. Y mientras tanto estamos construyendo un rancho de paja, y estando acá me surgió la idea de comprar palanganas: es un modo de lavarse, te lavas las partes íntimas.

-Y eso nos vincula con otra época donde parecía que había más tiempo…

-Ahora genero contenidos para Instagram, ya no hago obra y fotografía, sólo hago fotos con el teléfono para Instagram. No tengo cámara, y si me roban el teléfono pierdo todo el archivo, pero no me importa demasiado ya. Hay tantas imágenes que ya no importan las imágenes. Lo que importa es masticar cuarenta veces la comida antes de tragar, respirar, no querer estar en mil cosas a la vez, ser una persona cariñosa, escuchar, vivir cada instante, pensar en la muerte, situarse en el instante que hay entre un pensamiento y otro.

Me gustaría dedicarme a hacer yoga y meditar, pero estoy todo el día pintando. Tengo pintura en las manos porque estuve pintando sangre, me gustan la sangre y los cuchillos; el cacique que viene degollando. Entre el monaguillo de Santa Fe y el cacique que viene degollando; que con respeto agarra la cautiva, degüella al Juez de Paz y a un par de un par de estancieros del pueblo; me siento el hijo de la cautiva y el cacique, por eso soy un poco resentido.

-El gusto por la sangre tiene que ver con la historia de nuestro continente….

-Absolutamente. Quiero leer el poema sobre el río Uruguay de Ramón Ayala.

Algo se mueve en el fondo del Chaco boreal / sombras de bueyes y carro buscando el confín / lenta mortaja de luna sobre el cachapé / muerto el gigante del bosque en su viaje final / vamos tigre toro chispa guampa”.

El cachapé es un carro donde los que cortaban quebracho en el Alto Paraná, los tiraban al carro, de ahí bajaban hacia la jangada del Paraná o del Uruguay. Esta es una canción que hizo Ramón Ayala sobre el cachapecero: imagínate al tipo que conduce los bueyes llevando los troncos hacia el río.

Y va encendiendo en La Floresta el chicotazo al estallar / y es una música crujiente por la agreste soledad / camino y carro van marchando / y al rodar van despertando en el hombre / todo un mundo de ilusión”.

Con esto está diciendo que lo único que podemos hacer los artistas es dar un poquito de ilusión, no vamos a cambiar demasiado las cosas.

Cuelga una víbora enroscada por el techo vegetal / en el peligro del Pantano las pezuñas en tropel /y un túnel verde va llevando dos pupilas encendidas / sobre el tronco de la vida rumbo al sol”.

Las palabras pueden ser imágenes. Uno tiene que estar atento a las imágenes que nos vienen.

Porque no engraso los ejes / me llaman abandonado / si a mí me gusta que suenen / para que los voy a engrasar”.

Alta filosofía, al tipo le gusta que los ejes suenen y no los engrasa, ésas son las cosas que me interesa detenerme a observar en la vida, algunas situaciones poéticas.

Quiero retomar la idea de Rancho, y preguntarte qué le propone al Litoral.

-Lo que quiero es acercar mundos. El Colegio de Arquitectos tiene para un lado la casa de mi madre, en el barrio sur, donde están las iglesias y los centros de poder; y para el otro lado, está la laguna, los pajonales, los sábalos, la gente con los pies en el barro. Es muy importante esta muestra para mí porque el trabajo artístico es imprecisión, error, incerteza. Por ejemplo, en esta exposición una de las obras centrales es una canoa con un muerto adentro, inspirado en uno de los cuentos posiblemente más importantes de la literatura Argentina, A la Deriva de Horacio Quiroga. Hice la canoa con el muerto adentro, pero también puede ser una ceremonia de exorcismo de la muerte de mi propio padre, o puedo hacer el ejercicio de que ése muerto puedo ser yo. Experimentar con lo local, la paja, el rancho, la palangana, un cuero al lado una víbora; mezclar texturas.

Ayer mientras hacía el montaje pasó caminando un tipo y me dijo: “Parece el rancho de la cambicha”. ¿Qué es la cambicha? Puede haber sido una señora del campo o una madama de prostíbulo, pero mejor veamos qué es la cambicha: “es un diminutivo cariñoso y femenino, equivalente a negrita, que proviene de la palabra cambá, término guaraní, para designar a las personas de piel oscura”. Acá nos estamos metiendo en otro problema, que es la negritud, la invisibilidad, la discriminación, negra de mi vida o negra de mierda. Es un conflicto.

“La letra describe, con realismo, el ambiente festivo y picaresco del baile que se realizará esta noche y que el relator describe, imaginándolo, anticipándose al mismo. En la primera parte de la canción, se refiere al baile, describiendo la forma que los entrerrianos, los tagüé,  bailan el chamamé, milongueado, troteando despacito, haciendo mención al sobrepaso característico del chamamé”. Fijate lo que es el azar, mientras montaba la obra pasa este criollo, como yo, que sin saberlo, le está dando el texto central a la exposición.

-Y los sentidos de estas palabras que surgen….

Mboyeré es una palabra en guaraní que significa crisol de razas. Mi identidad artística es una  mezcla de lo local, lo guaraní, lo provincial, mis deseos de ser como Andy Warhol, David Lynch, Jim Jarmusch. La gente se cree que porque me gustan las palanganas de colores y las chancletas, me va a gustar todo. Y no, yo soy una persona muy refinada, con gustos refinados: me gustan determinadas chancletas y determinadas palanganas, en determinado momento de la vida.

-Antes de despedirnos, ¿qué es la ruptura y qué es la liberación?

-¿La ruptura? Ante Patria o muerte, diría; Patria o Muerte empataremos. Ni vencedores ni vencidos, diría: bajá un poco el tono, bajá un cambio.

¿La liberación? El orgasmo como liberación, donde lo más importante es el cariño. Si te aproximas con mucho cariño, mucho cariño, despacito, puede que tengas un orgasmo…

Y aun así, puede fallar….

-Sí! Tu Sam dice Puede fallar. Fue el ídolo de mi infancia, cuando vivía en Gálvez, un pueblo a 80 kms (de Santa Fe capital), había un lugar que se llamaba Club Centenario, un club de básquet donde estaba la cancha y el teatro. Una vez fue Tu Sam a dar un espectáculo. A los chicos del barrio nos dejaron ir a ver cómo Tu Sam  preparaba el set. Y había que poner un foco muy alto y todos los ayudantes tenían miedo de subir la escalera, entonces Tu Sam dice: “Yo voy a subir”. Sube, enrosca el foquito y cuando baja concluye: “El Maestro lo hizo, ahora háganlo ustedes”. Desde ese día, Tu Sam es mi héroe, tanto como lo es Diego Rivera, Pino Solanas, García Márquez, Jim Jarmusch, John Cassavetes, Lucrecia Martel, María Elena (Walsh). Soy amigo de Sara, la pareja de María Elena. Y le digo: “Sara ¿qué hubiera pensado María Elena del lenguaje inclusivo? Me parece que no le hubiera interesado en absoluto”, me dijo Sara.

 

*Es fotógrafo y artista visual. Estudió cine en la Escuela de Cuba, filmó documentales, pinta y hace performances. Va a tener una columna en un programa de radio y dice que por momentos se siente un poco actor, director teatral. Está aprendiendo a cocinar, hace yoga tres veces por semana, no come harina blanca, no toma alcohol pero toma mate cocido. Dice que le gustaría dormir, pero no le sale.

 

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