“Es más interesante pensar con creatividad la escritura y el lenguaje, que partir de formatos premoldeados”

Por Andrea Sosa Alfonzo* y Clara Chauvín** para la Serie Juntas | Fotos: Archivo personal Florencia Alcaraz | Ilustración: Martín Bianchi

En sus primeros años escribió cuentos y relatos. Armaba escenas donde narraba historias sobre las violencias que sufrían las mujeres. Florencia Alcaraz, dice que fue muy curiosa desde niña y que eso junto con un enamoramiento por la escritura, marcó un rumbo en su profesión y en la obsesión por dejar registro. Dialogamos sobre los desafíos del periodismo, los aciertos de las narrativas situadas gracias al trabajo de redes federales y cómo la equidad y representación justa en los medios de comunicación sigue siendo un faro en Argentina. 


Florencia Alcaraz es periodista y Licenciada en Comunicación Social con una trayectoria que pasó por la gráfica, la radio y la televisión. Es co-directora y miembra fundadora del portal digital LATFEM y ha colaborado en diversos medios. También publicó dos libros: Vidas en suspenso: jóvenes y violencia institucional en 2015 y ¡Qué sea ley! La lucha de los feminismos por el aborto legal en 2018. Se crió en La Matanza, provincia de Buenos Aires. Desde muy chica, tuvo el fuerte impulso de contar historias. Primero pensó en estudiar Medicina pero descubrió que lo suyo iba hacia las humanidades. Entonces se pasó a la carrera de Comunicación Social, la cual despertó su pasión por la escritura periodística. 

¿Cómo fue el momento donde dijiste esto que me recorre el cuerpo debe ser escrito´? Contanos sobre tus primeros acercamientos al periodismo.

-Desde muy chiquita tenía una intención de contar historias, de dejar registro y siempre fuí muy curiosa. Hay una anécdota que mi mamá siempre cuenta y que yo también la recuperé en terapia porque tiene que ver con la agenda que hoy en día manejo y los temas que fui eligiendo en el camino de mi profesión. Vivía en San Justo, en La Matanza, era muy chiquitita, iba al jardín y mi mamá me encontró con una palangana en el patio de mi casa y con un muñequito de esos que venían en algún tipo de golosina. Me preguntó qué estaba haciendo y le conté que era la historia de Gimena Hernández, una niña que apareció ahogada en una pileta en ciudad de Buenos Aires. Yo lo había visto seguramente en la tele o escuchando en la radio y obviamente, era algo recontra duro o cruel para una niña. Pero evidentemente había algo de esas historias para contar con las herramientas que tenía -porque no sabía leer ni escribir-. Mi mamá obviamente se preocupó muchísimo y le pareció algo terrible. De hecho me sacó la palangana y me dijo “no se juega con eso”. Ahora en retrospectiva, entiendo que lo que me pasaba es que había ahí algo para contar que me llamaba la atención. 

Siempre escribí cuentos, historias, relatos. No tuve una formación en ese sentido, pero sí me daba cuenta que en el colegio tenía facilidad para escribir. Por eso decidí estudiar Comunicación Social. En realidad quería ser médica porque tenía el horizonte del Che Guevara, de la medicina como proyecto social y comunitario. Y tenía esa idea, esa ilusión. Pero me llevo muy mal con la física, la química y las matemáticas y también soy una persona, a veces, impresionable. Entonces, primero me anoté en el UBA XXI, previo al CBC, para estudiar Medicina y me fue muy bien en las materias humanísticas y muy mal en las materias que tenían que ver con la medicina, específicamente. Las sufrí muchísimo, dije “esto no es para mí”. Entonces me anoté en Comunicación en la Universidad Nacional de La Matanza, que me quedaba muy cerca y ahí funciona esa condición de posibilidad, ¿no? Tampoco tenía muy claro qué era -Comunicación-, sólo sabía que me gustaba escribir y leer. Y esa carrera tenía un poco eso. No es que yo decía quiero ser periodista. En ese recorrido, en las materias de gráfica, un poco fui enamorándome de ese formato que tampoco lo tenía muy explorado. Creo que hubo algo en esa anécdota que conté de niña que me clausuró el tema de las noticias policiales porque siempre me llamaron mucho la atención y como es un tema escabroso, quizás en mi educación -en la infancia- me corrieron de eso pero era lo que realmente me interesaba. Siempre fui más de leer y de buscar por el lado de la literatura y no por el lado del periodismo más tradicional. Fue en la carrera donde descubrí esta profesión que me encanta esta forma de vida y que no lo tenía tan claro antes de anotarme a Comunicación. 

En 2019 publicaste el libro ¡Que sea ley! donde hay un análsis muy detallado de lo que fue el tratamiento del proyecto de IVE en el Congreso y todas las repercusiones dentro de la agenda social ¿Cual es la importancia del rol de periodistas y comunicadoras en la tarea del registro de memoria feminista?

-Es clave eso. En el pañuelazo del 19 de febrero de 2018 que es donde empiezo a percibir un movimiento mucho más amplio de lo que éramos hasta entonces, que se suman más jóvenes que hasta ese momento no eran tantas en las convocatorias por el aborto. A partir de ese pañuelazo, es que empieza mi obsesión por dejar registro, por contarles a esas jóvenes quiénes habían estado antes que ellas y poder narrarlo desde el periodismo feminista. Yo venía cubriendo el tema en los distintos medios en los que trabajaba, pero me obsesiona esta idea de que puedan conocer a las pioneras, las tramas, los tejes, idas y vueltas para llegar a ese momento. Porque sentía que estábamos viviendo un momento recontra efervescente pero según cómo llegues a la historia, podés entenderla más o menos. Y me obsesionaba que ese estallido, esa masividad y esa potencia tan grande, no había nacido de un repollo, que tenía una construcción histórica y que tenía también idas, vueltas, triunfos, momentos más difíciles. Por suerte esa obsesión coincide con una convocatoria que me hacen de revista Anfibia para contar la historia de las pioneras de la lucha por el aborto. Y ahí me doy cuenta cuando publico la nota que tuvo una repercusión enorme, y no en términos de lecturas únicamente, pero sí de agradecimientos de ellas mismas de ser narradas, de ser rescatadas y de ser contadas en ese momento tan efervescente, que era una marea muy grande, que me parecía importante rescatar las individualidades, los protagonismos y las que tuvieron aportes muy específicos. Me dije hay que hacer algo con esto, convertirlo en un libro porque tiene que quedar un registro en papel de este momento. Me obsesiona la idea de registro para la memoria, que en el futuro cuando se googlee y se busque qué pasaba en estos años en Argentina, se encuentren nuestras notas, relatos, crónicas. Es algo que me parece fundamental y forma parte de la caracteristica del periodismo feminista: un compromiso etico y politico con este momento histórico que nos toca vivir, pero tambien con las que vendrán a futuro para que puedan conocer y dar cuenta de cómo eran las construcciones, las tensiones, quiénes tenían voz publica, a quiénes les costaba mas tenerla. Todo ese entramado me obsesiona. Así como que la lucha por el aborto sea reconocida con su recorrido histórico. Empujada por esa obsesión y por la creencia de que era necesario que el libro sea una herramienta, no por un interés personal de autora o ni tampoco de la búsqueda de una cronista, sino que realmente me corrí de ese lugar y pensé que ese libro era una herramienta. Creo que los libros tienen esa función y está pensado así. Cada capitulo tiene como distintos temas alrededor de un mismo eje que es la historia de la lucha por el aborto. Después me dí cuenta que ese libro podía tener una proyección regional porque como el movimiento empezó a crecer en otros países de América Latina y el Caribe nos preguntaban cómo hicieron lo que hicieron, cómo llegaron a ser una marea verde. Entonces me di cuenta que a los fines de construcción de archivo para la memoria y los fines pedagógicos de recuperar nuestra historia no era solamente para las pibas, sino que también tenía una utilidad muy concreta para la militancia más allá de Argentina. 

Queremos que historices, desde tu experiencia, ¿cómo se construyeron las redes periodísticas con enfoque de género en nuestro país? y ¿cuáles consideras que son las agendas y los espacios que se pudieron conquistar?

-En Argentina hay dos redes que funcionan hace muchísimo tiempo, la red PAR y la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género. Yo forme parte de las dos redes, fueron fundamentales en mi formación periodística porque cuando estudié Comunicación, mis profesores no me hablaban de perspectiva de género ni de derechos humanos y cuando yo iba con dudas o consultas alrededor de un titular que hablaba de crimen pasional, no había una respuesta o una reflexión al respecto. En las redes de periodistas feministas encontré esas respuestas, esa formación y esas discusiones que se estaban dando y fueron fundamentales. Afortunadamente, tuve el privilegio desde que empecé a trabajar en Cosecha Roja, de especializarme en esta agenda. Fue un recorrido que hice en distintos medios donde trabajé la agenda vinculada a violencias hacia mujeres, lesbianas, travestis, trans, niñas, adolescentes y también violencia institucional. Las redes me sirvieron como espacios de formación, de acompañamiento, también de poder darle una impronta federal a mi trabajo. Las redes son importantísimas justamente para eso, salir un poco de la idea porteño céntrica porque yo trabajé en medios que están ubicados en ciudad de Buenos Aires, donde muchas veces cuando ocurre un femicidio en otra provincia es difícil poder tener una cobertura situada, pero al tener las redes, enseguida te contactas con una compañera que te puede dar un contexto de la situación, de la historia, de la falta de políticas públicas o de las demandas concretas del territorio. Entonces las redes me permitieron hacer un periodismo feminista situado aún estando en ciudad de Buenos Aires. Esas redes tambien tuvieron un trabajo muy interesante de infiltración feminista, en las redacciones, en los medios audiovisuales, en las radios, porque con distintos instrumentos que se fueron haciendo como decálogos, manuales, recomendaciones que circulaban en los espacios de trabajo; se generaba una situación de micromilitancia. Ejemplo, si un compañero tenía dudas sobre un titular o alguna cuestión, recurría a la compañera que tenía el manual, o la recomendación, o participaba de alguna red, y eso se discutía en el marco de las redacciones. Estoy situada antes del 2015, cuando el tema de la violencia de género no era un tema masivo como es hoy. Por supuesto que después de Ni Una Menos todo esto estalla y cambia radicalmente. Pero antes era algo que se hablaba en susurros, que nos preguntaban con algo de vergüenza. Igual no es que hoy cambió todo radicalmente, pero sí hubo un cambio muy grande. Esas redes hicieron un trabajo de micropolítica y de insistir con esos manuales y de estar ahí porque casi todas las que formamos parte de las redes, trabajábamos en espacios periodísticos tradicionales. En cambio, los medios comunitarios ya hacía tiempo que venían con esta conversación. Por eso las redes fueron fundamentales para la construcción de Ni Una Menos en esos territorios más hostiles, porque no hay que olvidarse que el colectivo que inicia este movimiento a partir de una maratón de lectura, éramos en mayoría periodistas, escritoras, trabajadoras de la cultura, del arte, algunas académicas. Algunas de nosotras habíamos pasado por estas redes, entonces este agenciamiento político fue una condición de posibilidad que nos dieron las redes de periodistas. Después cuando el feminismo alcanza un estadío de masas pos Ni Una Menos, se van construyendo redes más informales. Hay muchísimos grupos de Whatsapp, grupos que se organizaron alrededor del aborto en las provincias y que reúnen a un monton de colegas. Entonces, quizás, hoy las redes son más informales y menos institucionales como lo eran antes que tenían como una figura legal. Hoy las redes proliferan, se multiplican y están por todos lados y todas estamos en grupos de whatsapp diversos y es muy interesante ese movimiento. 

-Y en este proceso también surge el proyecto de la Ley de Equidad de Género en los medios….

-Una de las conquistas de los últimos tiempos que es interesante y surge de todo ese movimiento que van generando las redes de periodistas, fue la conquista de la Ley de Equidad de Representación de los Géneros en los medios que se aprobó en el 2021, que aún hoy el Gobierno no ha reglamentado pero que hemos dado la discusión de manera federal a través de distintos encuentros que se hicieron en el primer año de la pandemia, en 2020. Como LatFem nos acercamos a la diputada Mónica Macha y le llevamos esta idea de pensar una ley que en su momento discutiera la idea de cupo y de paridad en los medios. Ella nos propuso hacer foros, encuentros federales a los que vengan medios de distintas características, comerciales, comunitarios, villeros, estatales, porque cada una tiene una experiencia y un reclamo distinto. Vino la pandemia y lo que pensábamos que iban a ser encuentros en ciudad de Buenos Aires acotados porque no teníamos capacidad de convocar con pasajes y alojamiento a muchas compañeras, se hizo de manera virtual y eso potenció y enriqueció el debate. Hicimos cuatro o cinco encuentros con más de 250 colegas de radios, canales de televisión, de proyectos autogestivos, de medios comunitarios, medios universitarios, de medios indígenas. La ley fue creciendo y construyéndose a partir de los aportes, hasta que llegamos a la idea de Equidad en Medios y Representación Justa que es mucho más superadora que el cupo y la paridad. Esa ley pasó por el Senado muy rápidamente, porque al mismo tiempo había un proyecto presentado por otra red que se llama Periodistas Argentinas que habían llegado a través de la senadora Norma Durango, el cual confluyó con el proyecto que llevamos desde LatFem. En la cámara de Diputados y Diputadas tuvo un momento de lobby empresarial ya que no se querían ajustar a la propuesta de esta red, que es obligatoria para los medios públicos, pero a los medios privados le propone una progresividad hasta alcanzar la equidad. El lobby empresarial fue muy fuerte, pero salió. Y esta fue una conquista histórica de las redes institucionales pero también de las redes informales presionando a través de otros mecanismos y consiguiendo algo que es único en el mundo. No hay un antecedente de una legislación parecida a ésta que le dispute la representación de mujeres, lesbianas, travestis y trans a los medios de comunicación. Fuimos pioneras en la Argentina en reclamar esto y convertirlo en una ley, que lamentablemente todavía no está puesta en marcha, pero eso ya responde a tensiones políticas institucionales que nos exceden a las periodistas feministas. Esto quiere decir que nosotras no nos quedamos sentadas esperando que se cierre la brecha de género, además de construir nuestros propios medios, llevamos una propuesta de ley al Congreso.

Cada una de las personas que nos sentimos parte de los feminismos, interpeladas y llevando adelante diversos activismos, intentamos pensarnos de forma articulada. ¿Crees que es un signo de época de los feminismos en la Argentina esto de plantearse los territorios de lucha desde una mirada transversal e integral?

-Creo que tiene que ver con una caracteristica del periodismo feminista, por eso discuto mucho con esta idea de periodismo con perspectiva de género. Si bien fue útil y necesaria en su momento, esta idea de perspectiva de género primero que es acotada y nos encorseta en que la única presión que vamos a narrar es la de género cuando en realidad hay opresiones de clase, de raza, de edad, etc. A la vez, me parece limitada en esta idea tan usada y tan gastada de la metáfora de los lentes violetas porque a veces nos lleva a producir una nota con perspectiva de género, y pongo en práctica los manuales, los decálogos, todas las recomendaciones para que yo pueda ejercer un periodismo no sexista, que respete los derechos humanos y que tenga perspectiva de genero, lo puedo complir a rajatabla con muchísima facilidad. En cambio, el periodismo feminista lo que apuesta es a transformar esa desigualdad que está contando, de alguna manera tiene que operar, traccionar y construir transformaciones que pueden ir desde armar nuestros propios medios, a disputar leyes en el Congreso, organizanos nosotras en los espacios de trabajo. Eso es el periodismo feminista como práctica mas alla del contenido, porque también son modos de hacer, de vincularnos entre nosotras, y modos de disputar eso que vemos y describimos como desigual, injusto y precarizante. Queremos transformarlo todo pero hacemos algo para eso también, no es que sólo lo estamos contando en nuestras notas. Fue muy simbólico en esta lineas de las redes y de cómo nos vamos moviendo, una foto que hicimos un montón de periodistas feministas al comienzo del debate por el aborto frente al Congreso: hablamos de abortar la objetividad. Queríamos que salga la ley. En ese sentido, creo que hay algo característico del periodismo feminista que construye pactos con las audiencias que son más transparentes porque no escondemos nuestros objetivos, nuestras intencionalidades, nuestra subjetividad. Al contrario, la dejamos totalmente plasmada y expuesta y eso hace que tengamos lazos mucho más transparentes con quien nos lee, nos escucha, nos ve. Es mucho más interesante ese movimiento y es lo contrario a lo que hacen en general los periodistas deportivos varones que esconden de qué club son hinchas. Bueno, nosotras decimos de qué club somos hinchas y qué queremos transformar del mundo y eso me parece más riguroso porque te estoy mostrando cómo me paro frente al mundo, desde este lugar te estoy escribiendo y hablando. Y en eso el debate por el aborto fue clave porque nos posicionó. En ese recorrido entre Ni Una Menos (2015) y el primer debate por el aborto (2018), fuimos más las que pudimos nombrarnos de esa manera: periodistas feministas. Como una especie de manifiesto, de nombrarnos así frente al mundo y abandonamos esa idea de periodismo con perspectiva de género que para mi sólo se acota al contenido y eso es muy limitado. También es estratégico y entiendo que hay compañeras que dar esa disputa ya es un montón, no estoy diciendo que no sea válido, creo que en las condiciones de posibilidad que estamos en Argentina, en el país que hicimos Ni Una Menos, en el país que instalamos el Ya no nos callamos más, en el país que hizo que la marea verde traspasara todas las fronteras limítrofes de nuestra región y fuera un movimiento global, tenemos la posibilidad de nombrarnos de esta manera y plantarnos desde esa enunciación. Sentir que lo que estamos haciendo tampoco es individual, sino que es colectivo. Creo mucho en esto de que el periodismo es un hecho colectivo y el periodismo feminista se construye en red y se construye con otras. Estas redes que existen en Argentina fueron la formación pero también fueron la posibilidad de hacer en cada nota que quizás me tocaba firmar a mi, poder poner la voz de una compañera que me había acercado otra compañera periodista y que era de un rincón del país al que no hubiese podido llegar si no fuese por esos lazos.

En tiempos de inmediatez ¿te interesa cuidar las palabras? ¿Cómo es una batalla política por el lenguaje?

-En este momento estamos en un contexto distinto a la efervescencia de 2015, 2018 o del 2020 con la aprobación del aborto voluntario en la Argentina. De alguna manera u otra, hubo una situación de repliegue de los feminismos, que impuso la pandemia porque no nos permitía encontrarnos y porque creo que faltó imaginación política para encontrarnos, para replicar el espacio de asamblea, de encuentro, de cruce. Hubo un momento de desarticulación. Y a la vez, una avanzada de las derechas a nivel global que fueron dejando marca y la pandemia como tantos otros temas puso esto en total evidencia. Estamos en un momento en el que el feminismo, quizás, volvió a ser mala palabra, como antes. El contexto es complicado, condicionante, y a mi me pasa que no me siento cómoda saliendo con mi cartera con el pañuelo verde colgando o no me siento de igual manera que en 2018. Es algo recontra personal y al mismo tiempo es muy necesario tener el pañuelo en la cartera porque vimos lo que pasó en Estados Unidos donde hubo un retroceso histórico. Hay que defender los derechos. Nunca son un punto de llegada, más bien son un punto de partida. 

También hubo un momento de efervescencia tan grande que hay una saturación del mensaje feminista y eso nos impone a nosotras como periodistas feministas el desafio de seguir pensando en un periodismo feminista que sea para el 99% y no para el 1% ¿Cómo llegamos a las  todavía no llegamos? No seguir retro alimentándonos y hablándonos entre nosotras mismas, si todavía hay personas a las cuales no llegamos. Hay alianzas con agendas que todavía no cruzamos o no son tan evidentes. Y en ese camino el lenguaje también es un desafío. Me parece interesantísimo lo que pasa con el lenguaje, me gusta decir lenguaje no binario o incluyente, porque el inclusivo creo que es una fiesta a la cual estas invitando a alguien. En realidad estamos rompiendo el lenguaje y tratando de que sea no binario. Y eso también nos permite no solamente pensar en la “E” o en la “X”, va mucho más allá. El lenguaje es racista, es clasista, hay muchas palabras que usamos que reproducen lo binario. De hecho el lenguaje no sexista termina reproduciendo lo binario con el desdoblamiento, entonces creo que hay que romper eso, estallarlo en mil pedazos. Y pienso también que es un proceso dinámico, no fue un punto de llegada sino más bien de partida. Me parece interesante, lo disputo, lo pienso también porque muchas veces se convierte en una especie de pose que el texto esté lleno de “E” y de “X” y hay palabras que se pueden pensar con mayor creatividad. Es toda una disputa la del lenguaje y también la de los decálogos y recomendaciones, es más interesante pensar con creatividad la escritura y el lenguaje que partir de formatos premoldeados. Siempre le digo a mis alumnas que vienen a mis talleres: que el texto diga patriarcado, heterocis o que tenga un millón de “E” o de “X” no lo hace más feminista, sino, ¿qué está disputando ese texto? ¿a quién está incomodando desde el contenido? Quiero que me lea la mayor cantidad de personas y sé que muchas veces el lenguaje no binario puede ser expulsivo. Lo pienso bastante estratégicamente, sobre todo en las redes y en este contexto de inmediatez. Lo uso porque se fue incorporando y también siento que es genuina esa forma de incorporarlo, a veces me sale más que otras veces. No vengo de una generación que creció con el lenguaje no binario, sino que fue un proceso. También lo pienso en función del público al cual le estoy hablando. Hace unos años trabajaba en una radio, donde si yo usaba el lenguaje no binario, se iban a detener mas en eso que en el contenido de lo que estaba hablando. Entonces para qué usar el lenguaje no binario si eso va a clausurar la escucha de les oyentes. Hay que ser estratégicas en eso y dar también la condición de posibilidad de la audiencia. 

En la televisión ahora tenemos una guionista feminista, pero tratamos que no sea una pose, que si yo puedo decir personas y eso incluye a toda la diversidad, no hace falta que use una “E” o una “X”. Lo pienso creativamente y sin que clausure la posibilidad de escucha, de lectura, y a veces, lo uso como provocación. Porque hemos sido tan excluidas históricamente de la palabra y del lenguaje, que ahora de alguna manera hemos conquistado espacios, somos interlocutoras válidas y nuestra palabra recuperó valor. Entonces ahora uso como quiero las palabras. También puede ser una estrategia el ser un poco provocadora. En Twitter, hasta me divierte dar esa disputa, siempre hay un comentario, un mensaje de odio, una réplica de por qué digo abueles en cuestiones de la vida personal. En las redes sociales tengo esta postura pública y esta voz pública que habla de esta manera. Y en los medios en los que trabajo, trato de ser más estratégica porque quiero que me lea la mayor cantidad de personas. No todes estamos en la misma página respecto a esa deconstrucción que fue teniendo el lenguaje. Entonces, la comunicación feminista tiene que ser estratégica, llegar a cada vez más publico. 

Hay algo en Latfem y en Sic Periodismo, por mencionar dos de tus proyectos, que refuerzan la idea de un periodismo con los pies en los territorios, la visibilización de las voces y ponderar las agendas silenciadas. Coincide que son proyectos de medios públicos, alternativos e independientes. ¿Cuáles son los nuevos debates que atraviesan el rol de estos medios en la actualidad?

-Hay un debate muy interesante en los medios autogestivos sobre el financiamiento que es algo que yo aprendí al fundar LatFem y no se enseña en las carreras de Comunicación y Periodismo. Conoces algunas experiencias como la excepcionalidad, pero es difícil, sobre todo también para las mujeres: hablemos de guita y de cómo se financian los proyectos que queremos empujar. Y si queremos tener autonomía económica y autonomía editorial, es fundamental que empecemos a hablar de los financiamientos en los medios. Hay un déficit en las formaciones de las carreras de Periodismo y Comunicación, hay un montón de experiencias super interesantes y se brindan quizás en una materia o en un momento donde te cuentan la experiencia de determinado proyecto. Pero tenemos que empezar a hablar más de la plata porque nos permite autonomía económica y autonomía editorial, porque a veces estamos muy cansadas de dar la disputa en los medios tradicionales. Me pasó que trabajé mucho tiempo en medios tradicionales y en un momento me harté, me agoté y dije voy a crear mi propio medio como yo quiera, con quien yo quiera, con la gente de mi confianza. Es una alternativa en la disputa de sentidos crear nuestros propios medios. Sin embargo, nos falta la conversación de cómo los sostenemos, nadie tiene la receta. Y en ese sentido, lo que está faltando también es un debate sobre la pauta oficial, sobre dónde pone la plata el Estado. Hay una dificultad en pensar estos nuevos medios que surgieron al calor de la resistencia al macrismo. De hecho, LatFem surge porque muchas de nosotras habíamos sido despedidas y por eso decidimos crear nuestro propio medio. Y eso lo veo en réplica con otras experiencias distintas. Futurock también surge en ese contexto; El Destape crece en ese mismo momento; Tiempo Argentino pasa a ser una cooperativa manejada por les trabajadores. Y hay un montón de experiencias diversas que muchas veces el Estado no contempla para dar la batalla cultural a la disputa de sentidos. Y si vemos a quién le da pauta, es a los medios que reproducen odio, que reproducen mensajes que no cuidan, y no tiene en cuenta estas experiencias también diversas que tiene construcciones y formatos de estructuras muy distintos. Por ejemplo, LatFem es una asociación civil porque es la forma que encontramos para sostenernos también a nivel internacional porque hacemos muchas alianzas y tiene una proyección regional, pero no es una cooperativa de comunicación o una figura legal que entre dentro de los parámetros más tradicionales de los medios. Entonces creo que es necesario dar la discusión ahí, respecto a la plata y la pauta.  

Y por otro lado, hay espacios donde confluímos y nos encontramos, habría que fortalecerlos y habría que construir un mensaje y una demanda más colectiva. En concreto, la Ley de Equidad y Representación Justa, logramos que se apruebe pero no estamos pudiendo encontrarnos o construir una demanda desde las periodistas feministas para exigir que se reglamente. Hace un año que está sancionada y el Gobierno no la reglamenta por una traba burocrática institucional que no decide cuál va a ser el órgano de aplicación o hay un lobby que desconocemos. Una discusión que también les ocurre a los medios autogestivos, independientes y alternativos. Hay espacios de debate y de reflexión, pero nos está faltando tener una alianza bien sólida que diga vamos por acá

Al mismo tiempo, hay que rescatar lo que tenemos, las experiencias de medios en Argentina son realmente inéditas e interesantes. El debate que hemos dado a partir de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual también construyó audiencias super críticas que pueden desenmascarar muchas cuestiones que ocurren en la lógica y en la construcción mediática. A veces comparo -esta situación con- otros países y creo que estamos en una posición privilegiada. Obviamente que por nuestra tradición y nuestra historia, siempre vamos a querer más, y vamos a disputarlo todo, pero es interesante el lugar que ocupa Argentina. Sí creo, que hay que pensar en el sostenimiento a largo plazo de estos proyectos, que muchas veces, dan la disputa comunicacional y no los valoran desde el progresismo, desde la clase política. Nos ven como si estuvieran dando una ayuda para sostenerte y en realidad estás disputando sentido a los medios hegemónicos para que estos proyectos tengan una continuidad a largo plazo. El año que viene hay elecciones y tenemos un Milei en el Congreso, no estamos tan lejos de una nueva derechización de la política y de las estructuras, hay cuestiones que defender y los medios comunitarios, autogestivos e independientes hacen más fuerte a la democracia. Creerse esto que la “comunicación es un derecho” no sólo es una frase bonita, y -el Estado- tiene la responsabilidad de hacer algo para que ese derecho se garantice y que la comunicación sea más plural y tenga menos odio. Lo que tenemos hoy en los medios masivos es una proliferación de los discursos de odio sin freno y es preocupante. No sé cuál es la solución, pero sí sé que fortalecer a los medios que surgieron al calor de distintas resistencias que se dieron en los últimos años, es una forma de dar la disputa de sentido. Me refiero a los medios que dieron lugar a voces más diversas y plurales y que tienen una composición de trabajadores mucha más diversidad en términos de edad, de diversidad sexual. No es únicamente el contenido y el mensaje, representan formas y dinámicas de laburo y trabajadores que en otros medios se ven expulsados y no se priorizan de igual manera. Por eso es fundamental fortalecer estos proyectos periodísticos. 

¿Fugas fue el primer podcast que guionaste o ya habías tenido experiencias previas? Y por otro lado, después de tu experiencia en radio, ¿cómo fue pensar un contenido sonoro en este formato que aún está en experimentación?

-Soy curiosa y me interesa explorar todos los formatos posibles que se van habilitando. No hay que pensar el fetiche del formato, porque también pasa de que aparece un nuevo formato y todas queremos ir por ese camino y abandonamos otros. Entonces me abre la pregunta ¿por qué estoy haciendo esto? Nos pasó en LatFem con los newsletters. Me parece un ejercicio creativo ir por otros formatos que quizás no hemos explorado. Tampoco es que nos sentimos totalmente cómodas, sino que estamos intentándolo. Me pasa con los podcast que primero fui oyenta, me fascinaron esas experiencias iniciales de radio ambulante, por ejemplo. Creo que a partir de ahí empecé a tener una escucha mucho más activa al momento de pensar en ese formato y después ya quise participar de algunos proyectos que se fueron dando entre amigas, colegas, compañeras. Sentí que como cronista y desde el periodismo gráfico, principalmente, y especialmente desde el periodismo narrativo, sentí que les cronistas teníamos algo muy clave para aportar al podcast documental. Y a partir ahí me sumé primero a una experiencia que hicimos con Ingrid Beck y Paula Rodríguez que son mis compañeras, socias, colegas y cómplices en muchos proyectos que hago, y preparamos un podcast para Podimo que se llamó La Marea; que cuenta los años de efervecencia feminista entre Ni Una Menos y la aprobación de la Ley IVE, con capítulos que van narrando este recorrido histórico. Ahí trabajé como guionista y productora, un poco de todo. También tuve una experiencia con otro podcast que se llamó Siete Niñas que son siete historias de niñas que fueron madres antes de los 14 años. Es un proyecto también hecho íntegramente por periodistas feministas de distintos lugares de nuestro país. Lo publicamos para Radio Nacional y tuvo una rotación por todas las radios de Nacional y fue super interesante. Y después llegó la propuesta de Fugas. Había sido oyenta de la primera temporada y en esta segunda me sumé como guionista. Es el proyecto más ambicioso a nivel podcast en los cuales he trabajado. Me atraían las historias de fugas porque es lo más curioso que puede pasar en lo que son las páginas policiales y también lo más atractivo en los casos en que no hay una persona asesinada en el momento de la fuga, y puede hasta volverse divertido. Entonces me parecía interesante poder contar esas historias. Esta segunda temporada, tiene un perfil regional porque va buscando más allá de Argentina y Uruguay. Nos fuimos hasta Panamá, México, Bolivia, El Salvador. Nos permitió trabajar con cronistas locales, algo que también fue súper interesante porque no podíamos contar historias desde nuestro lugar situado, sino que trabajamos con productores y productoras locales que nos hacían el reporteo, nos traían el contexto y hacíamos el debate sobre los guiones. Es un proyecto que quiero mucho también porque lo vi nacer. Quienes lo pensaron son amigos, compañeros, Sebastián Ortega y Tomás Pérez Vizzón, y es un equipo fantástico porque desde el guión, hasta el diseño sonoro, la producción y la comunicación. Lo desafiante es poder pensar este formato nuevo que nos imponen los podcast, que es un poco el entretenimiento. 

Es volver al ejercicio periodístico, la investigación y la narración para convertirla en un producto de entretenimiento, un tipo de  consumo que nos proponen las plataformas hoy en día. Sé que estoy haciendo periodismo pero a la vez un producto de entretenimiento y eso me entusiasma muchísimo porque es distinto a todo lo demás que hago pero también nos plantea no perder la rigurosidad. Fugas tiene un trabajo de investigación previa y de lecturas, cada capítulo es escuchar una entrevista que dura dos o tres horas. A la vez, ver una película, leer un libro de muchísimas páginas, buscar y meterme en el contexto histórico político de ese país, porque son experiencias muy distintas, así como conversar y entender ese contexto con quiénes hacen la producción local. Es super enriquecedor el trabajo y destaco que es a cuatro manos porque somos dos guionistas. Eso también nos permite muchas idas y vueltas, y no todos los proyectos de podcast están pensados así. La diferencia de los podcast buenos la hacen los equipos periodísticos y amplios. Hago una reivindicación del podcast. Equipos amplios dentro de las posibilidades económicas, donde cada uno y cada una tenga su rol y se puedan pensar en un producto así con saberes muy colectivos. En el marco de Anfibia Podcast también estoy trabajando en un proyecto sobre la vida de Pity Alvarez. Ahí me tocó el lugar de la investigación judicial y del contexto de su historia que no es sobre la vida musical, sino un proyecto documental sobre la trama policial de un personaje enternecedor por un lado pero con muchos problemas de consumo y de salud mental acusado de homicidio. Es un proyecto enorme y desafiante que ahora está en etapa de grabación y se publicará antes que termine el año. 

El podcast es un formato bellísimo para contar historias y conocer personajes, también los podcast conversacionales y de entrevistas. No me interesa entrar en la discusión de qué es podcast y qué no es podcast. Tenemos que aprender a ser oyentes de podcast. Le tenemos que dar un momento de calidad a la escucha al igual que cuando nos sentamos a ver una película o una serie. Obvio que cada une escucha podcast como quiere, si están lavando los platos y se escucha de fondo un podcast, me parece maravilloso. Pero yo quiero darle un momento de calidad y jerarquizarlo, me pongo auriculares, apago las luces, me meto en esa historia, así como también lo hago en un subte. Como audiencia nos están proponiendo un formato nuevo que suma mucho a la inmersión para darle un valor enorme a la escucha. Estamos desandando ese camino, no sólo como productores de podcast sino también como oyentes. 


Escuchá el episodio #12 de JUNTAS PODCAST en SPOTIFY donde conversamos con Flor Alcaraz:

Esta entrevista pertenece a la Serie JUNTAS, un ciclo de conversaciones con mujeres referentes de la cultura, la comunicación y el arte, que publicamos en formato podcast y gráfico.

*Andrea Sosa Alfonzo es comunicadora y periodista. Se especializa en comunicación digital. Es Directora Periodística de Revista RIBERAS. Ha publicado artículos en diversos medios de comunicación. También hace columnas para radio desde 2014, desde el enfoque de género y feminismos.

**Clara Chauvín es periodista y productora de contenidos en Canal UNER y en Riberas. Desde el año 2009 viene trabajando en diferentes medios gráficos, radiales y televisivos, especializándose en género y feminismo. En 2019 publicó el libro «Hermanadas: Postales de lucha» (Editorial El Miércoles).