Adultocentrismo y pandemia: qué lugar tienen las infancias

Luken, 2 años, caba_version RIBERAS

Por Gabriela Magistris, Laura Macri, Santiago Morales, Luna Vitale y Guadalupe Almirón* | Fotos de portada e interiores: Ternura Revelde** y Luis Pescetti***

 

Urge reflexionar cómo afectó a las niñeces la medida de aislamiento preventivo sobre el coronavirus. Sus deseos, autonomías y derechos quedaron suspendidos en un tiempo que pareciera más incierto aún, en el que necesitamos incorporar la perspectiva de la participación y el enfoque de derechos.

 

 

La pandemia del COVID-19 puso al mundo en jaque. La situación es excepcional a tal punto que todas nuestras herramientas, discursos y estrategias parecen quedar perimidas –o suspendidas– por el momento. Se ha interrumpido nuestra vida cotidiana, esa –que creíamos– segura, regular, mecanizada e inmutable. La pandemia puso así en evidencia la contingencia del mundo y nos arrojó con mayor fuerza hacia la incertidumbre de la existencia[1]. Vivir en tiempos de COVID-19 pasa a reeditar el imperativo de vivir con lo imprevisible, pasando a ser un constructo único por la globalidad de sus características, nunca antes vivenciadas por nuestras generaciones hasta este momento.

Para las infancias este contexto también representa un momento social nuevo. Sus emociones, expectativas y deseos se manifestaron a la par de un mundo vertiginoso, caótico en la información y desinformación, junto a una sensación de incertidumbre hacia el futuro inmediato.

Las nuevas posibilidades de ser y estar en este presente, hicieron de los hogares donde viven les niñes lugares de refugio o de peligro, primero por el riesgo sanitario y luego por la crisis económica y social consecuente y el aumento de la violencia y abuso hacia elles al confinarles al ámbito privado. Todo ello nos muestra una primera foto que debemos complejizar cuando sumamos a la reflexión cómo se sienten niños, niñas y niñes frente a ese torbellino de sensaciones, de ausencias de espacios de juego, de la presencia mediatizada que combinó enseñanza y tecnología –en el mejor de los casos para quienes tienen acceso en el hogar– junto al afán en equilibrar autonomía, diálogo, juego libre y respetuoso.

La pregunta ineludible es quién pensó en sus “crisis”: cómo y en dónde los sitúa la sociedad y el Estado. Este intento por develar si fueron escuchadas sus voces y habilitadas las instancias de participación desde la diversidad y multiplicidad cultural, se enfrenta a una peligrosa ‘normalidad´ que se instaló rápidamente sobre el rol social de las niñeces en esta pandemia: ser  ‘portadores de riesgo´ o ‘plausibles de entretener´.

 La pandemia y la (necesaria) aceptación de nuestra precariedad

Lo cierto es que este escenario también abre nuevas preguntas sobre la precariedad, dado que la pandemia la intensifica y expone cabalmente. La cuestión está en saber si dicha condición nos interpela al punto de replantear toda la cadena de implicancias que nos trae esta pandemia, o si, reafirmamos esa condición en los mismos términos que conocimos hasta ahora sólo con cierto distanciamiento social, un barbijo y cantidades industriales de alcohol y lavandina.

Mal podríamos dedicarnos a desarrollar las cuestiones sanitarias y epidemiológicas de tal pandemia, pues no es nuestro campo profesional, pero sí nos interesa marcar algunas cuestiones que tienen directa vinculación con el tema. Llama la atención, en este sentido, que concentremos todos nuestros esfuerzos en entablar una “guerra” contra el virus, contra el “enemigo invisible”. Surgen los interrogantes: ¿esto es realmente una guerra?, ¿qué implica pensarlo en esos términos? Nos ponemos en alerta cuando escuchamos esas palabras reiteradas una y mil veces en los medios de comunicación y en algunos ámbitos decisorios. De acuerdo a esta línea de análisis, ¿qué implica el control de la circulación por tiempo indeterminado?, ¿cuáles podrían ser las implicancias de la ausencia de movilización social en el ámbito público? Es sabido que frente a las dificultades económicas y epidemiológicas, debemos cuidar que la legitimidad de las medidas hasta ahora tomadas no se convierta en la excusa para aumentar los márgenes de control o represión.

Por otra parte, esta mirada es coherente con una cosmovisión hegemónica dentro del sistema médico-epidemiológico, naturalizada socialmente, de considerar al cuerpo como un adversario, donde importa más combatir los síntomas que preocuparnos por transformar radicalmente las condiciones que hacen a las enfermedades[2]. La salud así considerada, carece de una visión integral que contemple tanto estos aspectos exógenos como aquellos que tienen que ver con el mejoramiento de un sistema inmune, que sin duda, podría integrar a este virus[3] como ha sucedido tantas veces en la historia de la humanidad.

La intensificación de la producción capitalista nos está matando de muchas formas diversas que no tienen tanta prensa como esta pandemia: los agrotóxicos, la alimentación ultra procesada, las frecuencias de onda (el polémico 5G) y el crecimiento del modelo extractivista. A título de ejemplo, en el 2019 más de 4 millones de personas en el mundo murieron de diabetes por el crecimiento de la comida chatarra. En particular, esto afecta a les niñes por el alto consumo de alimentos ultraprocesados –especialmente aquellos dirigidos, con apoyo de publicidad y profesionales, concretamente a bebés y niñes– con el aumento consecuente de diabetes y obesidad infantil.

El adultocentrismo ¿es contagioso?

Según los expertos de la OMS, el COVID-19 afecta a les niñes pero al menos hasta ahora parece no generarle graves consecuencias; con niveles de letalidad muy baja. Sin embargo, se ha expandido la idea de que les niñes son una especie de ´bombas transmisoras´ del virus de los que hay que tener especial cuidado. Aunque ya sabemos que esto no es así, pues son tan portadores o transmisores como nosotres, permanece la idea de ver a les niñes como una amenaza. Esto genera un incremento de los mecanismos adultocéntricos, ya instalados y naturalizados.

Desde Ternura Revelde evidenciamos cómo esta pandemia se encabalga en otra mucho más grande, poderosa y devoradora, que es el adultocentrismo. Vivimos en un mundo que no sólo no contempla a les niñes como sujetos parte de la sociedad, sino que les invisibiliza y condena a los márgenes de la regulación y la vigilancia estricta. Les condena al espacio privado, inhabilita su palabra, y esto más que nunca, sale a la superficie en los discursos en torno a la pandemia y sus estrategias epidemiológicas para paliarla.

ILUS: Izq: Cintia -compartido por Luis Pescetti- Der: Malena, 6 años, Villa Madero.

Antes del COVID-19 varios clivajes de vulneraciones ya arrasaban la existencia de les niñes, que hoy, se exacerban. Podemos mencionar algunas como la pobreza, la desigualdad, el abuso sexual, la violencia intrafamiliar, las condiciones de extrema vulnerabilidad, la cultura adultista que somete y oprime a las generaciones más jóvenes.

Su continuidad en la modalidad de esta cuarentena, promueve el relegamiento de les niñes a un espacio marginal, que denota todo lo que aún no son, como único ideal a alcanzar, la adultez. Espacios que deben mantener silencio y solemnidad, de modo de no alterar el mundo “normal” adulto. En efecto, esta crisis, dice César Rendueles[4], es una especie de paraíso adultocéntrico. Los niños han desaparecido completamente de la vista pública, las calles se han vaciado de niñes, y (por fin), resultan un asunto exclusivamente privado de sus familiares. Y esto es así porque elles son el único segmento de la sociedad que no tienen ningún tipo de prerrogativa para salir de sus casas; sólo en algunos países están empezando a hacerlo, de manera controlada y muy vigilada. En consonancia con esto, y la idea del niñe como amenaza, significa una adultez llena de obsesiones por (sobre)protegerlos y controlarlos/nos. La comprensión de elles como incapaces, irracionales, y por ende, poco conscientes sobre el contexto, sólo refuerza el imaginario sobre su lugar como principales amenazas para la propagación del virus dado que no tendrían medidas de cuidado para sí mismos y el resto de la sociedad.

A pesar del bombardeo de información sobre el COVID-19 y del llamado a pedirles ´un gran esfuerzo´ en no salir de sus hogares, tanto autoridades de Gobierno como medios de comunicación evitaron hablarles de manera directa. En los medios de comunicación masivos, por ejemplo, circula mucha información sobre cómo pueden hacer las familias y tutores para acompañar a les niñes, sin embargo, no se muestran sus preguntas o pensamientos sobre lo que está sucediendo, incluso menos, se elaboran alternativas comunicacionales que aborden su singularidad.

Es necesario en este planteo reconocer como un avance en sus derechos el nombramiento que realizó el presidente Alberto Fernández el 26 de abril, donde en cadena nacional, se dirigió directamente hacia les niñes. Pero no podemos dejar de mencionar la continuidad de miradas paternalistas que se cuelan en el discurso a través de advertencias sobre les niñes y el riesgo de contagio a adultos mayores o sus propios abueles. Se les erige como héroes o heroínas, al mismo tiempo que se les imputa como les vectores centrales de transmisión de la pandemia[5].

Les niñes, ¿ciudadanes?

Hace 30 años que contamos con una Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CDN). Desde ese marco, se entiende a les niñes como sujetos de derecho independientemenete del resto de los integrantes de la familia. En cambio, su lugar como sujeto político, como ciudadanes, con capacidad de incidencia real en los asuntos de la sociedad, sigue siendo una deuda pendiente. En el fondo, esto revela una profunda desconfianza hacia el aporte de las nuevas generaciones a la res pública. A esto debe sumarse la dificultad de pensar a les niñes de manera colectiva, que puedan organizarse, tener sus propios espacios y por qué no, sus propias demandas. En este sentido, es un desafío poder plantear las relaciones que una ciudadanía colectiva de las niñeces podría aportar a las políticas orientadas hacia elles. No pretendemos demandarles las respuestas que el mundo adulto no tiene, sino generar puentes de diálogo aún en estas instancias para que reconozcan en las niñeces su subjetividad social y política.

Les niñes en cuarentena son una condición novedosa en nuestras sociedades, mostrando una diversidad de contextos que las diferencian y exigen respuestas acordes a esta multiplicidad.

En la actualidad, valoran estar en sus casas y contar con la atención de sus familiares dado que habitualmente y a causa de las exigencias laborales y educativas, niñes y familias tenían un tiempo compartido mucho más acotado. En este sentido, el aislamiento preventivo a partir de la cuarentena, nos permite repensar cómo se configura el tiempo intrafamiliar compartido con les niñes, otrora reducido a un acompañamiento de sus actividades y no para ´vivir´ con elles. Por el contrario, Tonucci propone priorizar el juego como ocupación principal, y no caer en una reproducción de la “deberitis” que implica cumplir tareas solo para pretender una ficticia continuidad pedagógica. El debate no es sobre la educación virtual, tampoco sobre la educación en casa, sino principalmente sobre la educación en el marco de una emergencia sanitaria[6]. Por este motivo, también debe ser prioritario más que un mandato por la educación, comprender las prioridades para cada contexto, relacionadas a condiciones fundamentales como la alimentación o el acceso a recursos básicos que muchas veces y equivocadamente, damos por obviedades.

 

Luna 11 años Santa Cruz

ILUS: Luna, 11 años, Santa Cruz.

Asimismo, es necesario visibilizar otra cuestión que atraviesa de forma transversal a todas las clases y que la pandemia exponenció: el maltrato y el abuso intrafamiliar. Como decíamos, al desconsiderar a les niñes como verdaderos sujetos, tampoco lo son en las medidas de cuidados. Nos topamos con la urgencia en garantizar también los modos en que les mismes niñes provean su propia protección en situaciones de vulneración de derechos, por ejemplo, acudiendo directamente a un número telefónico si necesitan pedir ayuda extra-familiar o comunicarse con una persona de su elección si vivencian maltratos o situaciones que les incomodan. Empoderarles en sus autonomías, es parte de las políticas necesarias para resguardar sus potencialidades, desde una perspectiva de participación y derechos.

¿Por qué se torna esencial la salida de las infancias?

 Es cierto que el marco de una emergencia sanitaria como la que atravesamos requiere de medidas nacionales en función de evitar la curva exponencial de contagio que pondría en peligro a toda la población, especialmente a los grupos de riesgo. Ahora bien, se han contemplado ciertas prerrogativas y excepciones en cada anuncio del modo de funcionamiento del aislamiento social y preventivo, como por ejemplo, el reconocimiento de las necesidades fisiológicas de animales domésticos, las salidas de les adultes[7] para gestionar las compras básicas de alimentos en los negocios cercanos al domicilio. A medida que el aislamiento se extendía, se contemplaron nuevas excepciones, como el también demandado y urgente permiso que garantizó las salidas a las personas con discapacidad. Sin embargo, les niñes seguían esperando. El domingo 26 de abril, cuando Alberto Fernández les nombró por primera vez y anunció la posibilidad de “salidas recreativas” en todo el país[8] de acuerdo a las condiciones de cada distrito, se trató de una medida que no contempló las particularidades de les niñes sino que estaba dirigida al conjunto social. En ese momento nos preguntamos si estaban siendo contemplados los derechos de les niñes. ¿Qué miradas sobre lo recreativo se pusieron en juego en esta medida de permitir “salidas”?

Consideramos que la recreación no significa “matar” el tiempo ni debe entenderse como un “premio” por nuestros días de encierro, sino que forma parte de la integralidad necesaria para nuestra vida, más aun, cuando pensamos sus implicancias para les niñes. En este sentido, no sólo creemos necesario que se definan e implementen políticas específicas orientadas a elles con el fin de otorgarles diversos espacios para reflexionar sobre lo que sucede y cómo cuidarse/nos en las implicancias de este nuevo tiempo. En síntesis, medidas que consideren sus derechos, tal como se menciona en la CDN.

Por otro lado y partiendo de las desigualdades económicas antes mencionadas, debemos diferenciar que une niñe de clase media probablemente (aunque no podemos asegurarlo) tenga en su casa espacios diversos para moverse y recursos para desarrollar diversas actividades, explorar su creatividad, o acceder de manera directa con incluso quizás más de una pantalla con conexión a Internet por persona que le permita instancias recreativas, educativas o comunicarse con sus amigues. Sin embargo, les niñes de clases populares seguramente no cuenten con las mismas condiciones donde el hacinamiento o la escasez de espacios como patios o ambientes diferenciados, exigen la necesidad de repensar otras posibilidades para garantizar la autonomía, el juego e instancias educativas.

Les niñes necesitan, por derecho propio, estos espacios de libertad como parte indispensable de un desarrollo saludable que hace a su salud integral, tanto física (necesidad de descarga de energía, motriz, etc.), como mental y emocional. Su necesidad de libertad, explorar el mundo, moverse, no puede esperar, aún en un contexto de pandemia. En este sentido es que consideramos la urgencia de reclamar a les referentes públicos vinculades a la niñez repensar las políticas desde una perspectiva niña[9] que genere las condiciones necesarias para el ejercicio protagónico de sus derechos.

 

Naomi 5 años El Monte, Quilmes

ILUS: Naomí, 5 años, El Monte – Quilmes – Buenos Aires.

¿Sólo se trata de (sobre)vivir?

 En resumen, la pandemia pone en tensión los modos de la supervivencia con alternativas a las formas sociales conocidas y desarrolladas hasta el momento. Aprovechar la inventiva e imaginar nuevos mundos, requiere de la inclusión del colectivo de niñeces. Quizás sea un buen momento para repensar los modos de entender nuestra salud, la educación o los límites de una vida alienada por el consumo exacerbado. En fin, de darlo vuelta todo. Desde nuestra experiencia de trabajo con niñes, sabemos que tienen mucho para decir. Y este presente es toda una oportunidad para apostar a repensar el vínculo con elles.


* Gabriela Magistris, es Doctora en Ciencias Sociales (UBA), docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos (FFyL-UBA). Integrante de Ternura Revelde. https://www.facebook.com/ternurarevelde/

Laura Macri, es Lic. y Profesora en Ciencias Políticas (UBA), integrante de Barrilete Cultural (FFyL-UBA). Integrante de Ternura Revelde.

Luna Vitale, es Lic. en Psicología y educadora popular, integrante de La Miguelito Pepe. Integrante de Ternura Revelde.

Santiago Morales, es Lic. en Sociología y educador popular, integrante de La Miguelito Pepe. Integrante de Ternura Revelde.

Guadalupe Almirón, es una joven educadora popular, integrante de Asamblea Revelde y de Ternura Revelde.

**Las imágenes forman parte de la convocatoria «Cuarentena con voz». La imagen de portada es de Luken, 2 años, CABA.

***Parte de las ilustraciones de interiores compartidas fue posteada por Luis Pescetti en su cuenta de Instagram.


Notas al pie:

[1] De todas maneras, la precariedad dejó de ser condición pasajera hace tiempo. Cf. Lorey, I, (2016) Estado de inseguridad. Gobernar la precariedad. Madrid, Traficante de Sueños.

[2] Cf. Northrup, C. (2010). Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer. Ediciones Urano.

[3] Nos bombardean de noticias diariamente para conocer cómo actúa el virus, cómo debemos mantener ciertas normas de distanciamiento e higiene, el conteo de muertos con un alto grado de espectacularización, pero no escuchamos jamás que se enseñe a la población a mejorar el equilibrio de nuestro sistema inmune, por cierto debilitado por todas estas cuestiones ya mencionadas.

[4] Recuperado de: https://gsia.blogspot.com/2020/03/la-asombrosa-desaparicion-de-7-millones.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+GsiaInfanciaYAdolescencia+%28GSIA%2C+Infancia+y+Adolescencia%29

[5] En una nueva cadena nacional del 10 de mayo se mencionó el pasaje de algunas jurisdicciones a la fase 4 del aislamiento preventivo obligatorio (con excepción de CABA y el AMBA) que habilitarían una mayor apertura comercial y de circulación de personas. Dentro de esa apertura cada jurisdicción habilitaría – o no- las actividades “recreativas”. El gobierno de CABA específicamente habló de la necesidad de disponer de estas salidas para niñes, teniendo en cuenta la situación de hacinamiento o de convivencia en espacios reducidos y sin posibilidad de ver la luz del sol (departamentos), con algunas regulaciones específicas. El resto de las jurisdicciones lo iría definiendo a nivel provincial y/o local, lo que hace que aún sea una materia pendiente en diversos lugares, dado que ante el temor de una ampliación de la curva, la mayoría de las intendencias optaron por la negativa.

[6] Cf. Francesco Tonucci. Recuperado de: https://elpais.com/sociedad/2020-04-11/francesco-tonucci-no-perdamos-este-tiempo-precioso-dando-deberes.html

[7] Ni siquiera las familias monoparentales, generalmente a cargo de mujeres, podían salir sin ser cuestionadas socialmente si lo hacían en compañía con sus hijes menores, claramente por no contar con otre adulte que pueda hacerse cargo del cuidado. Fue necesario sacar una resolución para aclarar algo que parecía obvio, que ante ausencia de otros cuidadores, se permitía a adultes ir a realizar las compras esenciales junto con sus hijes menores de 12 años.

[8] Luego de este anuncio, al día siguiente se implementaron las salidas recreativas en algunas localidades de baja densidad poblacional –ya que la decisión final quedaba a consideración de cada autoridad gubernamental– lo que provocó revuelo cuando se prohibieron en grandes aglomerados urbanos (y no tanto).

[9] La expresión perspectiva niña la tomamos prestada de Paulo Freire. El autor habla de “revolución niña” al dialogar con Faundez sobre la revolución nicaragüense, no por “recién llegada” sino por el tono de novedad, inquietud, curiosidad e invención que ésta tenía. Cf. Freire, P. y Faundez, A. (2013). Por una pedagogía de la pregunta. Crítica a una educación basada en respuestas a preguntas inexistentes. Argentina: Siglo XXI. Pp. 221.

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