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Las “señales” del neoliberalismo

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Por Martín Schorr* | Ilustración: Laura Besel | Fotos: Anita Pouchard

Martín Schorr propone algunas claves de lectura en relación al escenario nacional económico y político, los interlocutores privilegiados y las resistencias de los sectores sociales frente a la recesión y el ajuste. Contraseñas para enfrentar un ciclo.

 

Década ganada y perdida

  • Si bien hubo retroceso marcado en estos tres años de Cambiemos en el Gobierno nacional, también hay que reparar en que se produjo un cambio relevante en la base social de ganadores y perdedores respecto de los años kirchneristas. Los grandes ganadores son hoy el sector financiero, los no transables como las empresas de servicios públicos o la medicina prepaga, y solo el sector productivo que cuenta con ventajas comparativas, es decir, mayormente ligado al sector primario. El macrismo se sacó de encima rápidamente dos grandes dificultades para su proyecto, como lo es arbitrar claramente en contra de los trabajadores y, sobre esa base, motorizar una transferencia de ingresos a otros sectores del poder económico, ya que además del capital industrial concentrado, la delantera la tomaron el capital financiero, las privatizadas y los grandes productores primarios. En cambio, durante el kirchnerismo los actores principales en la apropiación del excedente eran los sectores de la producción primaria pero también industrial, debido a la expansión del mercado interno, justamente por el otro protagonista principal, los trabajadores, que por lo menos hasta 2007/08 experimentaron una ostensible recomposición salarial, aunque luego esto tendió a estancarse.
  • En tanto, podemos agregar a este análisis qué sucedió con la estructura productiva durante el kirchnerismo. Existió un crecimiento industrial sin experimentar mayores cambios estructurales en el perfil de especialización productiva, debido a que no se modificaron ni el tipo de sectores productivos ni el mapa de los actores dominantes. De allí que no se revirtió sino que de hecho se profundizo el predominio del capital extranjero. Esto se debió entre otras cuestiones a no haber corregido los legados normativos de los años noventa, es decir la legislación sobre inversiones extranjeras y tratados bilaterales, con lo que sin dudas existió un crecimiento industrial muy importante que motorizó la economía, pero no cambió su fisonomía, ya que los intentos por generar una burguesía nacional estuvieron muy asociados a la prebenda y en algunos casos a prácticas espurias con el aparato estatal. Y esto, junto con otros elementos estructurales internos, es lo que trajo finalmente el regreso de la restricción externa en 2011.

Y aquí podemos mencionar tres fases. La primera es la de Néstor, asociado al viento de cola, que no fue determinante pero tampoco neutro, y gracias también a la devaluación efectuada por Duhalde, que produjo un deterioro del salario real del 30%, con consolidación de los sectores vinculados a la producción industrial y de commodities y el retroceso de fracciones ligadas al sector financiero. En ese marco, y por varios años, serían los “dólares comerciales” los que sostendrían el superávit externo. En 2007 los salarios recuperan todo lo que habían perdido en términos de poder adquisitivo con la megadevaluación de 2002. La segunda etapa es contemporánea de la irrupción de la crisis internacional de 2008 y está marcada a nivel interno por evidentes problemas estructurales vinculados a la fuga, las restricciones asociadas a una estructura industrial trunca, las dificultades energéticas y el predominio extranjero. La última etapa se asocia al declive de los dólares comerciales por el deterioro en los términos de intercambio, que lleva a profundizar el control de las importaciones y al mal llamado “cepo”, que eran controles de cambios, donde a partir de 2013 se incorporan también los dólares financieros, aunque no como la deuda que ha generado genera el macrismo, sino principalmente por medio de acuerdos con China y Rusia. Cabe destacar que la economía argentina mostraba serias restricciones estructurales incluso antes de adentrarse en esta tercera fase (sobre todo en su sector externo y en la problemática inflacionaria). Es decir, que se llegó al inicio de una nueva fase del escenario internacional con una economía doméstica con numerosos elementos críticos.

 

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Desarrollo y neoliberalismo. ¿Hacia dónde vamos?

  • El macrismo se presentó a la sociedad postulando que no eran neoliberales, sino desarrollistas, sin embargo, no son desarrollistas, por lo menos el desarrollismo pro-capital extranjero de Arturo Frondizi estaba vinculado al desarrollo industrial, pero acá eso nítidamente no se ve. El tipo de fomento al capital extranjero que han realizado está ligado al negocio financiero, o bien al sector primario en el marco de un “proyecto de país” anclado en torno de las ventajas comparativas existentes. Se trata de un modelo al que, como señalaba lúcidamente Aldo Ferrer, le sobran dos tercios de la población económicamente activa, y donde además su rentabilidad no se re-invierte productivamente, sino que tiene una lógica crecientemente financiera antes que productiva. Siendo generosos pueden ser desarrollistas por su búsqueda de seducir al capital extranjero, pero desde el punto de vista de la inserción productiva e industrial no tienen nada de eso. Lo que más le cabe es neoliberales, porque hoy no solo el sector industrial Pyme está condicionado, debido a la apertura importadora, a la suba de costos financieros, a los tarifazos, y a la caída del consumo interno por un profundo deterioro de los salarios, sino que ese combo incluso está afectando también a diversos segmentos del capital industrial concentrado.
  • Desde el inicio mismo de su gestión el Gobierno nacional ha generado numerosas “señales” tendientes a promover radicaciones de capital extranjero. Pero esos factores internos de atracción han tenido implicancias muy acotadas en términos de incrementos en el stock de Inversión Extranjera Directa (IED) y de ampliar y diversificar las capacidades productivas y el perfil de especialización e inserción internacional del país. A su vez, se distinguen por el sesgo regresivo que acarrean, entre otras cosas en materia social y en lo que alude a una mayor erosión en los de por sí acotados grados de autonomía nacional. La debilidad de la “lluvia de inversiones” largamente pregonada desde las esferas oficiales constituye un resultado previsible toda vez que en el marco de una crisis mundial que lleva varios años, la tendencia es hacia una retracción general del volumen de IED y una concentración de la misma en países centrales, de modo predominante bajo la modalidad de centralización del capital. Lo que sí ha logrado la política económica de Cambiemos es generar un ingreso destacado de inversiones especulativas que se articulan con un ciclo de endeudamiento externo aceleradísimo y otros elementos (como la política monetaria y cambiaria que se ha venido priorizando). A raíz de todo ello, se ha potenciado el negocio financiero, al tiempo que se ha posibilitado la salida de divisas por diferentes canales: gastos en turismo, importaciones de bienes (en muchos casos desplazando producciones nacionales), remisión de utilidades y dividendos (y otras remesas ligadas a la operatoria del capital transnacional), pagos de intereses, fuga de capitales.
  • El proyecto de país que propone Cambiemos ciertamente es inviable para las mayorías porque, aunque ellos lo negasen, su matriz ideológica es la de las ventajas comparativas, junto al clásico esquema de liberalización financiera, lo que daba como desenlace absolutamente previsible una política económica que buscó premiar el negocio financiero y especulativo antes que productivo. Hubo un boom de inversiones, sí, en especulación financiera, y eso es lo que hoy está minando las bases del “modelo Macri”. En efecto, claramente desde mayo de mayo de 2018 la economía argentina transita por un sendero sumamente complejo que tiene numerosas aristas, pero que se expresa centralmente en el sector externo con dos manifestaciones principales: una brusca devaluación de la moneda nacional y una caída sensible en las reservas internacionales en poder del Banco Central. Para hacer frente a ese escenario, el gobierno suscribió un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por algo menos de 50 mil millones de dólares en cuyo marco se busca avanzar de modo decidido sobre un ajuste drástico de la economía que contempla dos metas tan ambiciosas como de difícil cumplimiento: “déficit (fiscal) cero” en 2019 y una reducción pronunciada de la inflación. El ajuste pivotea básicamente alrededor de una política monetaria sumamente contractiva (que sin duda profundizará la recesión y potenciará aún más el negocio financiero) y fuertes recortes del gasto de capital, transferencias a las provincias, subsidios a algunas actividades económicas (energía, transporte) y en las condiciones laborales en el sector público (reducción en términos reales de la masa salarial por la vía del deterioro de las remuneraciones y de la cantidad de ocupados). Como “compensación”, se decidió restablecer por un período acotado los derechos de exportación, pero con un esquema un tanto peculiar en tanto los exportadores no tributan un porcentaje en función de sus ventas externas, sino un monto fijado en pesos (en un contexto en el que sus ingresos se ven muy favorecidos por la suba del tipo de cambio). Así, se consuma un lamentable “regreso del FMI” no sólo en calidad de acreedor y auditor de las cuentas, sino también, y fundamentalmente, como decisor prácticamente exclusivo de la política económica.

 

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No hay plan B: desafíos para la etapa histórica

  • Para que este proyecto se sostenga, es necesario tanto en el corto como en el mediano plazo garantizar la continuidad del ajuste, y en este sentido, desaparecen las discrepancias entre gradualistas y promotores del “shock”. La recurrencia de Macri a la idea de “no hay Plan B” me parece que es una expresión contundente de esta cuestión. Más allá del acuerdo con el FMI, el fuerte proceso de endeudamiento se encuentra condicionado por una conjunción de factores externos e internos y se está acompañando de manera creciente por un sesgo represivo del gobierno. Ello, en un escenario signado por la creciente impugnación desde ciertos sectores de la sociedad al rumbo escogido y la manifestación cada vez más explícita de discrepancias al interior de los sectores dominantes. Sin duda, todo esto marcará lo que resta de la gestión de Cambiemos.

 

*Es Sociólogo por la UBA, Doctor en Ciencias Sociales por FLACSO, Magíster en Sociología Económica e investigador de IDAES-UNSAM/CONICET. Se especializa en política económica, industrialización y poder económico en la Argentina de las últimas décadas. Entre sus últimos trabajos se encuentran: Restricción eterna. El poder económico durante el kirchnerismo (Futuro Anterior, 2014), Entre la década ganada y la década perdida. La Argentina kirchnerista. Ensayos de economía política (Batalla de Ideas, 2018) y ¿Finanzas vs. producción? La financiarización de las grandes empresas no financieras en el centro y la periferia (Futuro Anterior, en prensa).

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