Las lactancias

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Por Andrea Sosa Alfonzo* | Ilustración de interiores: Bbiolter

Este año la Semana Mundial de la Lactancia reafirmó que debemos resignificar los sentidos en torno a las representaciones sociales para visibilizar que la batalla por las corporalidades combina deseo, derechos y resistencias. Y que a la larga, son las desigualdades de género, económicas, sanitarias y los condicionantes culturales, los que atentan contra su promoción.  

 

Proteger, promover y apoyar la lactancia es una frase que suena bien, pero encierra dimensiones políticas, culturales, de género, sanitarias y económicas. Miro una publicidad de una mujer blanca, cabello lacio, teta radiante, rostro ladeado, alimenta con una sonrisa plácida a su bebé que se prende al pezón con la succión ideal. Sola con su bebé, deja afuera no sólo el modelo de la corresponsabilidad que incluye a un otre en ése hogar, sino además, deja afuera otras identidades que son igual de válidas en la práctica de amamantar y criar. También deja afuera, la realidad de quienes amamantan en condiciones de desigualdad económica. Amamantar es una decisión y un derecho pero está cargada de una dimensión cultural y política. Embarazo, parto y lactancia han sido (y son) espacios privilegiados de confinamiento simbólico y de control corporal y social sobre las madres y personas lactantes -agregado mío- (Massó Guijarro, 2013). Durante las últimas décadas, romantización mediante, la lactancia se puso en el lugar del deseo con un alto nivel de idealización y sexualización, y se cargó de sentidos dominantes que son atravesados por rasgos de clase, etnia y género.

Flor es mamá primeriza y mujer cis, considera que la lactancia es ambivalente tal como lo es la gestación y la maternidad, “es un vínculo intransferible entre el hije y su madre pero por otra parte implica una entrega del cuerpo muy grande y una pérdida de la identidad del cuerpo anterior de la madre”. Judith Butler sostiene que hay un aspecto profundamente erótico en el cuerpo de la madre que ha sido despojado culturalmente,  y que es desafiante al herterosexismo porque precisamente ni el bebé posee aún género, ni la mamá se relaciona sexualmente con él desde su género. Es interesante este planteo porque aborda la lactancia como una manera distinta de entender las relaciones humanas no genéricamente determinadas.

En cuanto a los mandatos de idealización, Flor agrega que la lactancia “tiene momentos muy luminosos así como oscuros” y asegura que “todas las lactancias son exitosas porque dar la teta es tremendamente difícil y muchas veces esta romantizada: nadie te muestra la parte dolorosa, el cansancio extremo, la sensación de esclavitud. Por eso hay que reinvindicar a las tribus de madres que sostienen y que apoyan los períodos de la lactancia materna”.

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¿Cuáles son los otros modelos de familia y de lactancia que invisibiliza, por ejemplo, el relato publicitario? ¿Cómo pensar la práctica lactante como deseo para desafiar al binarismo de género? ¿En qué lugares aparecen las parejas transparentales? Las maternidades y xaternidades ponen en discusión desde un enfoque de género y derechos cómo asumimos la lactancia humana, cuáles son los mandatos, cómo se acompaña a los géneros no binarios, trans y de la diversidad sexual.

Amamantar tiene que ver con la sexualidad y con el poder, con la corporalidad como otra forma de identidad y deseo, que en el espacio público, se presenta como una reivindicación política. Pero también tiene que ver con sostener una decisión sin nuevos condicionamientos sociales de la buena madre que amamanta y trabaja, que cría y cocina, que estudia pero no está cansada: la mamá luchona. ¿Qué implica pensar un abordaje integral de la lactancia y por consiguiente, de quienes ejercen este derecho?

En la búsqueda de estos otros modelos aceptables, de cuál es el rol del Estado, cómo se diseñan las políticas públicas, de qué modo se forman les profesionales de la salud, cómo se adecúan los hospitales e instituciones sanitarias, en qué porcentaje está instalada la creación de lactarios o cuáles son las normativas que acompañan los cambios en el mundo del trabajo, encontré que hay que ir mucho más allá de la frase que acompaña cada año a la Semana Mundial de la Lactancia.

Lactancia elegida, diversa, transparental

Mujeres y varones transexuales, personas no binaries, pueden amamantar, si así lo desean. En nuestra sociedad hay mucha invisibilidad de otros modelos de familia. No están representadas en los sistemas educativos ni en la literatura infantil, la normativa laboral no contempla a las familias transparentales y muchas de las políticas públicas se diseñan de forma segregada, cuando en realidad, el enfoque de género debería trazarse de forma transversal a todo el sistema estatal. La escasa aplicación de la ley de Educación Sexual Integral contribuye a que como sociedad aún no hayamos derribado los prejuicios culturales. Según AFDA, el 62% de niñes no tienen educación sobre diversidad familiar en las escuelas. ¿Cómo podrían sentirse les niñes del futuro que provienen de una familia diversa o que son no binaries cuando no existe la representación de sus realidades y elecciones?

Desde activismos y colectivos se está empezando a reflexionar en torno a cómo construir esos reservorios de memorias, experiencias y trayectorias de vida, a través de fotos, cuentos infantiles y docus, que acompañen a las nuevas identidades para que les niñes del futuro se sostengan en esas imágenes, en un papá con panza, en la narración de otras historias, en una teta que existió sólo para amamantar.

La lactancia en mujeres y varones transexuales es posible siguiendo el protocolo Newman-Goldfarb. Es decir, no necesariamente una persona debe cursar un embarazo para poder amamantar y asimismo, un varón trans puede amamantar si así lo desea, una vez que haya suspendido la medicación hormonal para la transición de su género. Todo este proceso, en un caso o en el otro, debe comenzar seis meses previo a la llegada del bebé. Sin embargo, esta información no siempre está al alcance de las familias. La mayoría de las veces les profesionales de la salud no lo saben o no pueden acompañar otros procesos de lactancia que favorezcan la decisión de cada persona.

Según Soledad Bettendorff, documentalista, puericultora y asesora en lactancia, coordinadora del equipo de lactancia materna del Hospital Centenario de Gualeguaychú, Entre Ríos, es necesario partir de repensar a qué nos referimos con lactancia: “el concepto de lactancia materna nos está haciendo ruido desde hace un tiempo cuando comenzamos a pensarlo desde el enfoque de género y de los derechos. No es sólo una cuestión que atañe a las mujeres o a las personas con capacidad de gestar, la lactancia nos involucra a toda la sociedad. Es un deseo que necesita mucho apoyo, contención e información para transmitir que no solo es responsabilidad de quién amamanta, sino también de la familia, del entorno, de les profesionales de la salud que acompañan o no, es una tarea colectiva”.

Celeste es mamá de Luan y es mujer trans, junto a su compañero, Matías, hombre trans, formaron una familia transparental. Fueron la primer pareja trans en gestar y llevar adelante la práctica de la lactancia en Córdoba. Si bien tuvieron mucho acompañamiento en la etapa de la gestación, “fue compartida porque Mati fue quien puso el cuerpo, ya que el bebé estaba en la panza de él, pero yo me encargaba de todo lo otro: de los turnos médicos, de allanar el espacio con respecto a las licencias por maternidad, paternidad, la asignación por embarazo, todas cuestiones que están pensadas para géneros binarios o heteronormados”. No ocurrió lo mismo en relación a la lactancia:  “desconocía que podía amamantar, hasta después de tenerlo a Luan”, explica Celeste. La realidad es que lo supo luego a través de una pareja trans de Brasil, pero “durante todo el proceso jamás se me explicó eso”, agrega. Para que ella pudiera amamantar, era necesario someterse a un tratamiento hormonal y como no tuvieron la información a tiempo: “decidimos priorizar lo más seguro para el bebé, entonces quien amamanto fue Mati porque así lo queríamos hacer”.

Así como las redes son las que sostienen los procesos de puerperio y lactancia entre mujeres, son las parejas trans quienes se comparten información y allanan los caminos sobre las opciones, trámites, profesionales que respetan sus identidades, centros de salud adecuados, tratamientos hormonales, etc. que favorezcan sus deseos y derechos.

 

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Cuando le preguntamos sobre cuáles son los aspectos fisiológicos que establecen igualdad de condiciones a la hora de amamantar, Bettendorff nos dice que “las personas tenemos glándulas mamarias sin importar el género, lo que tenemos que trabajar es que esas glándulas puedan producir leche humana. Hay casos que evidencian que eso es posible, y hay técnicas que pueden acompañar ése proceso para que sea saludable para las familias”.

No hay dudas acerca de los beneficios de la leche humana, tanto para el bebé como para la persona lactante. Fue en 1992 que la Organización Mundial de la Salud, lanzó globalmente como recomendación de salud pública, que los bebés reciban leche humana en forma exclusiva hasta los seis meses, y acompañada luego de otros alimentos, por lo menos hasta los dos años.

Sin embargo, las representaciones e información acerca de la lactancia están dominadas por la heteronorma, es decir, un régimen social que indica que las relaciones sexo afectivas hegemónicas son las heterosexuales. Este sistema se sostiene además a través de mecanismos educativos, políticos, culturales, médicos, jurídicos, religiosos, y otros.

Bettendorff insiste en que “necesitamos mucha formación por parte de les profesionales de la salud. Amamantar no es algo gratis, es una tarea muy difícil, por eso debemos actualizarnos”. Nos explica que algunas de las técnicas como el sistema de relactación “consiste en utilizar un recipiente pequeño con leche artificial con una sonda que va al pezón, el bebé va succionando mediante dicha sonda y estimula el pecho. Esto se usa cuando la persona tiene que aumentar la producción de leche, y en casos donde se desea pasar de una alimentación mixta (pecho + leche artificial) a una lactancia exclusiva (sólo pecho)”.

En el contexto de pandemia, los canales virtuales sostuvieron un acompañamiento a las familias, desde por ejemplo, la Red de Puericultoras. Pero la pandemia también reafirmó otros procesos que ya ocurrían puertas adentro. Según Bettendorff al puerperio se le podría agregar un sinónimo que es “pandemia” porque pone en relieve cuál difícil es pensar qué generó la pandemia en el hogar, los temores frente al COVID-19, los roles de cuidado. En síntesis lo que ya ocurría antes con el temor de tener que recurrir a un sistema de salud que está colapsado.

Gabriela Bauer, Directora de Salud Perinatal y Niñez del Ministerio de Salud de la Nación, aseguró que el actual contexto de pandemia indica que hay “suficiente evidencia para saber que el COVID no se transmite por la leche humana, entonces si una persona contrae COVID y se siente bien para seguir amamantando, puede hacerlo con recaudos y asistencia como usar barbijo, higienizarse bien las manos y los pechos antes de alimentar a su bebé”.  Sin embargo, no todos los hospitales e instituciones de salud pudieron garantizar durante la pandemia que pacientes lactantes y/o bebés recién nacidos con COVID-19, permanecieran juntos en el mismo ambiente para asegurar la lactancia en los primeros días pos parto. Para Bettendorff “las intervenciones institucionales y médicas durante la pandemia, debieron actualizarse para acompañar los límites y deconstruir los ideales, acompañar los procesos diversos, la formación por parte de les profesionales de la salud, pensar el puerperio, las maternidades puertas adentro, los roles de cuidado en corresponsabilidad”.

Amamantar sin condiciones capitales

Según la los datos que arrojó la  Encuesta Nacional sobre Lactancia y Trabajo que realizó la Liga de la Leche Argentina (LLLA) en 2018, hasta el momento la última con datos robustos sobre la realidad, muches niñes no acceden a una lactancia sostenida, el 40% de las personas consultadas informó que sus bebés tenían hasta 3 meses cuando regresaron al trabajo, el 54% declaró que las razones por las que regresó a trabajar son económicas y un 77% afirmó que es imposible o muy difícil sostener lactancia y trabajo. El informe agrega que las mujeres que trabajan en fábricas y las que volvieron a trabajar por razones económicas son las que mayor dificultad manifiestan, aunque las mujeres que trabajan una jornada reducida también indicaron que es difícil sostener la lactancia combinada con el trabajo.

Tal fue el caso de Celeste y Matías en cuanto a las condiciones laborales y la tramitación de la licencia. A Matías no le renovaron una pasantía laboral, apenas informó que cursaba un embarazo. Y Celeste sufrió el sistema legal cuando quiso tramitar su licencia maternal. “Fue distinto porque hay mucho machismo y un interés en querer ridiculizar a las identidades trans en particular. Por ejemplo, yo estaba solicitando la licencia por maternidad a pesar de que no era una madre gestante y comencé a pensar en que tenemos que empezar a hablar de licencia más allá del cuerpo gestante, ¿no?  La responsabilidad de los cuidados está muy marcada sobre la mujer”. Matías actualmente está desempleado, y cuando quiso tramitar la asignación por embarazo comenzó toda una odisea porque su DNI es masculino y el sistema de Anses no habilitaba opciones para este tipo de trámites. “Nos comunicamos con Buenos Aires directamente y salió una Resolución por parte de Anses, nacional, donde pudimos hacer el trámite porque en Córdoba era imposible”.

 

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Reflexionar en torno a la lactancia implica asumir que es una responsabilidad colectiva y social que no llega recién cuando está el bebé, es un camino previo y posterior. Por un lado, repensar cómo se van a garantizar derechos desde el período de gestación, desde qué definiciones se van a fomentar los roles de los cuidados y por consiguiente, cuáles van a ser los modelos de crianzas en donde las familias puedan sostener la lactancia, el trabajo, las actividades domésticas, estudiar, recrearse, etc.

La dimensión económica juega un rol fuerte en esto. Muchas veces el pedido de un lactario, la reducción de jornadas laborales, la extensión y el otorgamiento de las licencias o la creación de jardines para recién nacides y primera infancia cerca de los lugares de trabajo y estudio, terminan en una sobrecarga para las mujeres y disidencias. Por el contrario, estas cuestiones deben ser asumidas con un enfoque integral y desde la diversidad sexual porque sino serán entendidas como reivindicaciones que profundizarían aún más la división sexual del trabajo.

“Me parece preocupante la presión que se exige con el debo amamantar, ya que no es la única responsabilidad de quien está gestando. Hoy podemos trabajar sobre eso y el contacto piel a piel va por ahí. También sentí la presión de «¿sos la mamá, pero no lo vas a amamantar?”, y yo me respondía: pero no pasa por ahí la maternidad, o ¿si? Hay mucha presión en el cuerpo de quién gesta. Y a la persona que le toca esa tarea ardua es quien tiene la teta disponible. Es una presión muy grande y por eso nosotros lo hicimos con tareas compartidas”, afirma Celeste.

Más autonomía y soberanía, por favor

Al comienzo de esta nota, mencionábamos que la práctica de la lactancia atraviesa las corporalidades. Es necesario deconstruir los mandatos sociales para precisamente transformar las realidades y asumir que existen desigualdades de género y socioeconómicas que interfieren en los procesos de lactancia y crianza.

Pandemia mediante, este año el lema es “apoyemos la lactancia materna por un planeta saludable”. Rápidamente en un contexto de pandemia, asociamos esta dimensión con el impacto de los modelos sociales y productivos sobre los territorios. Debemos reflexionar sobre nuestra vida cotidiana cuando consumimos, por ejemplo, leches artificiales: “qué ocurre con los animales para producir esas leches –lo que comen y las condiciones de hacinamiento–. ­Por ejemplo, para producir un kilo de leche de fórmula se necesitan 4.700 litros de agua potable y las familias que acceden a esas leches deben consumir luego, nuevamente, agua potable”, señala Bettendorff. ¿Todas las familias tienen acceso al agua potable? ¿Todas las familias pueden acceder a la leche de fórmula? ¿Cómo la consiguen si no la pueden comprar? La industria farmacéutica mueve millones de dólares por año. “Hay una dependencia al sistema de consumo y al sistema de salud. Hablamos de autonomía y decisión, de nuestros cuerpos y cuerpas, pero la leche de fórmula tiene riesgos”, afirmó.

Es Preciado (2008) quien analiza que el capitalismo actual se sostiene sobre las dos formidables industrias de la pornografía y la industria farmacéutica. Ambas, se enfrentan a la lactancia. Por un lado, tenemos a la leche de fórmula que va de la mano con la industria farmacéutica porque a mayor lecha de fórmula, más consumos de fármacos en familias/bebés que no pudieron amamantar. Este alimento atenta de forma estructural a la lactancia pero además encierra un componente clasista y por supuesto, económico, ya que su acceso es absolutamente desigual. El Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna (CICSLM) de la OMS, señala que sólo por causas de salud, un pediatra debe de recomendar las fórmulas lácteas. Sin embargo, la mitad de les profesionales de la salud la recomienda más de lo indicado, aunque no exista ninguna condición clínica que lo amerite. Empresas como Nestlé, Danone, Mead Johnson y Abbott dominan el mercado e influyen en médicos y políticas públicas. Esta industria que viola recurrentemente el Código realizando publicidades que muestran a mujeres y bebés saludables, se estima que recaudarán unos 70 mil millones de dólares para 20121.

En cuanto a la función de la pornografía que señala Preciado, la fetichización de los pechos maternos –volvemos a los ejemplos publicitarios– aparece como satisfacción del deseo masculino, el cuerpo objetivado y sexualizado que debe responder al mandato cultural, algo bastante alejado a los procesos fisiólogicos en un cuerpo que amamanta.

Hay que descolonizar la lactancia, proponer nuevos sentidos en donde las corporalidades y familias diversas desafíen la normatividad, incluso aquella que se muestra romantizada en las mujeres cis-hetero. La mayoría de las realidades de las personas que amamantan es la de sostener una tarea que se asume como «difícil» mientras se realizan ‘otras’ tareas. Permitirse cancelar ése contrato explícito de idealización porque la verdad es que se amamanta con pechos agrietados, desbordados de leche, con panzas hinchadas como globos, a veces mientras se cría a otres niñes, en jornadas laborales que transcurren a la par de estados de puerperio que no son acumulables a la lógica del capital. La corresponsabilidad, compartir los roles de cuidado, garantizar en igualdad el acceso a la salud y a los recursos básicos para una vida digna y adecuar las normativas laborales desde una perspectiva de género, surgen como las demandas más fuertes de los feminismos de la cuarta ola. Sin lugar a dudas, estamos en una época que a pesar de las desigualdades, tiene muchas ventajas para enfrentar todas las dimensiones mensionadas. Hay mayores niveles de resistencia a los modelos capitalistas hegemónicos y dominantes, porque en última instancia, promover otros tipos de lactancias posibilita una transformación social equitativa.


*Andrea Sosa Alfonzo es periodista y comunicadora. Integra la UNER en el Sistema de Comunicación y Medios. Es Referente del Protocolo contra las violencias sexistas en el Rectorado de la UNER y es directora de RIBERAS.

 

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