“Estamos en una época que nos desafía a pensar el futuro que queremos”

Por Andrea Sosa Alfonzo* y Clara Chauvín** para la Serie Juntas | Fotos: Archivo personal de Vanina Escales | Ilustración: Emiliano Pereyra

Es ensayista, periodista, activista feminista y trabajadora por los derechos humanos. En 2015 junto a otras fundó el colectivo Ni una Menos como una forma de visibilizar y denunciar las violencias machistas y las desigualdades que sufren las mujeres y los cuerpos disidentes. Es codirectora y editora del medio de comunicación digital feminista LatFem. Dirige la sección Movilización del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Conversamos con ella sobre su trayectoria como periodista,  la formación de LatFem, sus intereses a la hora de escribir, su trabajo como biógrafa y sus reflexiones acerca los desafíos que implican para los feminismos el contexto político actual.


Vanina Escales es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Cuyo. Ha colaborado en distintos medios como Anfibia, Tiempo Argentino y la agencia Télam en donde ha  escrito sobre literatura, cultura, cárceles, seguridad, femicidios, política desde una perspectiva feminista. Es parte del grupo fundador del movimiento Ni Una Menos. Codirige LatFem, y es integrante del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

-Queríamos preguntarte sobre tu recorrido. Integras Lat Fem, coordinas el Área de Movilización del CELS, ¿cómo se articulan estas experiencias mas de la adultez y tu formación en tu vida?

-Creo que muchas veces los recorridos son azarosos. Estudié comunicación en Mendoza. No soy de Mendoza, soy de San Juan. Estudié comunicación con la intención de ser periodista y dedicarme a escribir y a la investigación, y durante mucho tiempo renegué bastante del periodismo. Era una profesión que siempre me parecía sospechosa, que no profundizaba lo suficiente en algunos fenómenos, y que siempre quedaba navegando en la superficie. Después, con el tiempo, encontré en el periodismo otras formas de decir y de contar, otras posibilidades narrativas. Y todo lo que pensaba que al periodismo le faltaba, eras cosas que finalmente podes ponerlas ahí.  Entonces cuando nos propusimos hacer LatFem pensamos bastante cuál era el medio en el que nosotras queríamos escribir, con el que siempre soñamos, con los estilos que soñamos, con las posibilidades y las formas de decir, con las propuestas y la originalidad, con la posibilidad de la investigación y de la opinión, de la gráfica. Todo eso nos hizo crear LatFem desde un lugar del deseo, también, como lectoras. Además de un proyecto periodístico, es un proyecto cultural en el sentido más profundo del término. Busca una transformación y una incidencia: no solo contar la realidad, sino también contribuir a reflexionar sobre ella para transformarla.

Desde Latfem, por ejemplo, hicimos un festival cultural, “Mala Reputación», un disco, hacemos Podcasts, escribimos, y hacemos investigación. El proyecto fue cobrando volumen, y fue encontrando distintas formas de contar. Estamos siempre en una búsqueda de cómo pensar un cambio narrativo para contar lo que queremos. Y sobre todo para que los feminismos se hagan entender. Es un proyecto que me enamora.  Ahí llegamos con el deseo de encontrarnos con nuevas formas de decir.

Y por otro lado en relación a la práctica, hay mucho de con quién llevas adelante tu profesión. Me parece que nunca son recorridos individuales, en cambio, son experiencias colectivas y son experiencias mutuamente transformadoras. Entonces, creo bastante que LatFem no existiría sin nosotras como un colectivo de amigas, de profesionales, de gente que se quiere, que se respeta, que se lee mutuamente, que se escucha y que se hace críticas. Todo eso es lo que potencia los recorridos individuales. Pero no hay recorridos singulares, sino que están insertos en un colectivo. El colectivo es el que potencia mi experiencia. Lo azaroso, lo de afuera y lo que nos rodea, es lo que va transformando nuestra práctica profesional, nuestra práctica vital, amistosa, etcétera. 

-¿Y sobre tu trabajo en CELS?

-Trabajo en el CELS desde hace varios años y lo hice en distintas áreas, en general transversales. Desde hace un año estoy enfocada en una nueva línea de trabajo que es Movilización, cuya idea central es generar movilización por los derechos humanos, generar un volumen alrededor de la reflexión sobre el rol de los derechos humanos en el sostén de la democracia. Estamos muy enfocadas en esa tarea y preocupadas por la calidad democrática. Y justamente por eso, apuntalar unas reflexiones y conocimientos alrededor del rol que tienen los derechos en hacer una democracia más amplia, más extendida, más inclusiva, es una tarea fundamental. Hace poco hicimos un festival por la democracia, en sus 40 años que movilizó cerca de 10 mil personas, y tuvo propuestas que fueron muy convocantes. Por lo tanto, algunas de estas acciones, nos dan la clave de que son necesarias y que hay una demanda en torno de eso.

-¿Cuáles son los temas que te interesa investigar y sobre los cuales escribir?

-Muchas veces empiezo a escribir porque necesito pelearme con algo. Porque hay algo que me hace ruido y necesito entenderlo, o necesito contraponer argumentos, o encontrar claves distintas de lecturas. Otras veces, lo que me mueve es la curiosidad, es no conocer. En general trato de escribir sobre cosas que conozco poco y que estoy tratando de descubrir. Hay cosas que me interesan investigar porque me preocupan, como la circulación de armas en la sociedad. Esas cosas me preocupan, me interesan, entonces me encargo de investigar, de buscar fuentes, datos, experiencias en otros países. En síntesis, lo que me interesa investigar es lo que desconozco y lo que me genera curiosidad. Viste cuando lees un libro y se lo llevas a una amiga y le decís: “Lee esto que está buenísimo”. Bueno, muchas veces cuando encuentro temas que me generan ese entusiasmo, me movilizan a escribir y compartir. Y también la necesidad de confrontar con cuestiones que generan ruido social.

-Dentro de tus publicaciones has trabajado con biografías como la de Salvadora Medina Onrubia, la de Lou Andreas-Salomé ¿cómo es el proceso de escribir una biografía? O en tu caso, ¿cómo trabajaste sobre estas dos publicaciones?

-En el caso tanto de Salomé o de Salvadora Medina Onrubia, como en el caso de Henrid David Thoreau -que si bien no hice una biografía escribí bastante sobre él- son personas que funcionan como síntomas sociales. Entonces, lo que me interesa es cómo algunas personas gravitan y dialogan con su época. Cómo dialogan o cómo no dialogan. Cómo producen rispideces al punto de tensionar la época y al punto de que estemos buscándolas muchos años después para comprender cuál fue el gesto que hicieron, que tal vez,  en ese momento, no fue escuchado pero que llega hasta hoy. Creo que el acercamiento a biografías singulares tiene que ver con: cómo esas biografías tensionaron la época, qué preguntas plantearon que quedaron sin respuestas o que quedaron solo como una provocación. También la pregunta de por qué fueron olvidadas, por qué fueron eludidas, por qué fueron ninguneadas, en algunos casos, o cómo fueron leídas y por qué fueron leídas en determinados sentidos. Entonces la pregunta es, si fueron comprendidas. Creo que la forma de llegar a biografías es a partir de la curiosidad y de realmente tratar de comprender.

En el caso del libro sobre Lou Andreas-Salomé fue escrito por encargo. Tenía distintas opciones de biografías. Me llamó un editor para decirme: “tenemos seis autoras o artistas ¿sobre cuál querés escribir?”. Yo elegí a Lou Andreas-Salomé porque era la que no conocía. Solamente tenía datos muy dispersos, pero me interesaba la idea de meterme de lleno a indagar. Era la que más desconocía, pero al mismo tiempo la que más me llamaba la atención porque había sido filósofa, a diferencia de las otras propuestas que habían fotógrafas o políticaa. Y yo en ese momento estaba participando de los seminarios que dirigía y llevaba adelante Tomas Abraham. Nos encontrábamos una vez por semana todos los jueves a hablar de filosofía durante dos o tres horas. Entonces acercarme a las ideas de Lou Andreas-Salomé me interesaba mucho para descubrirla, porque además en la historia de la filosofía no es que sobran las filósofas. Así que lo disfruté bastante, me sorprendió lo poco que había publicado sobre su obra. En general, lo que hay publicado son rescates feministas sobre su obra que resultan en gestos políticos feministas. No es que se la encuentra fácilmente en alguna historia de la Filosofía.

En el caso de Salvadora, estaba buscando encontrar a otra persona que era América Scarfó. Quería conocer a América, y me interesaba contar su historia. Leyendo el libro de Osvaldo Bayer, sobre Severino Di Giovani, me encontré con este personaje que era Salvadora Medina Onrubia y me resultó fascinante desde el minuto uno porque resultaba ser anarquista, pero al mismo tiempo excéntrica, multimillonaria. Era como la concentración de las contradicciones. Y eso también me parece fascinante. Me parece mucho más interesante las vidas de las aventureras. En el caso de Lou Andreas-Salomé, también era bastante así: personas que habitan sus contradicciones. Es más que la historia lineal de una vida muy consecuente, militante e igual de principio a fin. En cambio, en el caso de ellas dos, habitaron las contradicciones y pudieron vivir atravesadas por ellas sin ningún problema. Creo que como hacemos casi todas nosotras, lo que pasa es que cuando se cuentan historias de personas muy destacadas, se suele contar lo edificante. En cambio a mí lo que me interesa no es tanto lo edificante, sino cómo haces para llevar adelante tus propósitos, tu vida, tu obra, con toda esa carga de contradicciones, de cavilaciones, de dudas. Me parece mucho más interesante la gente que duda de si misma. La gente que la tiene clara me parece sospechosa, me parece una farsa.

-Salvadora fue además quién convocó a Emma Barrandeguy a Crítica, después tuvieron una amistad. ¿En qué sentidos estas contradicciones que mencionas, aportaron a los feminismos y a nuestra historia reciente para construir memoria feminista?.

-Siento que Salvadora tenía un gran ojo y mucha capacidad de escucha. Podía mirar y realmente ver a la gente. Entonces creo que ella vió a Emma y le dio la posibilidad de salir de Gualeguay y venir a Buenos Aires a formarse y trabajar, pero sobre todo, según Emma, le dio la posibilidad de ejercer su libertad sexual y de vivir como quería. Un poco eso es lo que le dio. Y ese gesto de Salvadora de alimentar esa necesidad vital, es una práctica que tuvo con distintas personas, no solo con Emma. La tuvo también con America Scarfó cuando le dio la posibilidad de tener una profesión que era el periodismo. Entonces, ese gesto de Salvadora con determinadas personas me parece muy importante, y es un gesto que no tuvo con sus propios hijos, con quienes tenía una relación más distante. Pero sabía leer las potencialidades de quiénes la rodeaban y fue muy generosa con muchas personas.

Tanto Salvadora Medina Onrubia como Alfonsina Storni plantearon todas las incomodidades de la época. Ese habitar contradicciones es también habitar contradicciones de la época. Plantearle grietas, trazar surcos o cuestionar a una época plana, a una moral sexual determinada, a un status quo. Eso creo que fue lo que hicieron ellas dos quienes al mismo tiempo, fueron amigas.

En el caso de Salvadora, ella se planteó como un tipo de mujer que no quería casarse y por eso renegaba del matrimonio, de la maternidad y que era capaz de abandonar a sus hijos e hijas por un amor, por hacer su vida. Plantea un tipo de mujer distinta que para la época era incomprensible. Incluso tal vez, no era una mujer deseable para el común. Entonces, me parece que el simple hecho de plantear la incomodidad en el hogar, la incomodidad de las tareas, de tener que cumplir determinados roles que no elegimos, es un gesto revolucionario increíble. Y es un gesto que seguimos planteando hoy, el de cuestionar y revelarnos de determinados roles. No lo planteó sola, había otras. También estaba Victoria Ocampo, Alfonsina, y otras. Me parece que ahí se empezaron a trazar los rasgos de una incomodidad que nos alcanza hasta hoy y por eso es muy rescatable. Al mismo tiempo si lo pensamos en el día de hoy, es una mujer que se enfrentó al fascismo de la época. Fue de las pocas que levantó la voz y que puso el cuerpo, en el sentido más literal de poner el cuerpo, al caer presa por enfrentar a la dictadura de Uriburu. Fue una de las mayores denunciadas de ese régimen. Y fue la que más escribió en la época -mucho más que radicales y que compañeros anarquistas-. En este sentido, denunció las torturas en las cárceles, lo que pasaba con los confinados y con las familias de esas personas. Lo denunció en distintas publicaciones, y eso, no ha sido lo suficientemente valorado. Hay algunos autores como Rodríguez Molas, que la ponen como una especie de precursora de la lucha por los derechos humanos. Ese gesto frente a la amenaza fascista y frente al gobierno de la dictadura, resulta muy destacable y creo, dialoga con uno de los rasgo de los feminismos.

-Estamos a pocas semanas de cumplir setenta años del primer voto femenino y  cuarenta años de democracia, en un contexto político que puede cambiar radicalmente el destino de nuestro país ¿Cómo podemos analizar estos eventos históricos, a la luz del avance de las derechas, no solo en Argentina, sino también en América Latina en cuanto a las expresiones ciudadanas que avalan este viraje?

-En algún punto esto que se dice, últimamente, acerca de que hay que resetear la democracia, tal vez sea cierto. Hay que volver a pensar cómo la democracia en algún momento, fue una promesa de una serie de cosas que en general no se cumplieron, o no se cumplieron para la mayoría. Entonces, la cuestión es cómo hacer de esa democracia un lugar habitable para las mayorías y cómo hacer para que esa palabra nos siga posibilitando vivir mejor, tener una casa, tener la posibilidad de estudiar, tener salud, tener la posibilidad de reunirnos, tener proyectos colectivos. Cómo hacer que la democracia se ponga en acción para que se profundice y se expanda. Eso es algo que la democracia para muchos y para muchas, no hizo. Y no es una sensación. Si tenemos una cantidad tan grande de pobreza, es porque esa democracia no llegó para las mayorías. Entonces, en este momento, la paradoja es que nos encontramos con proyectos políticos que en lugar de proponer expandir la democracia lo que quieren es achicarla hasta convertirla en una cosa distinta de lo que es. Dejar la democracia como una cosa formal “de un voto cada cuatro años”, ¿y el resto? Los derechos que trae la democracia, los pilares que la sostienen, que son los derechos humanos, bueno, dejarlos al margen. Creo que esa es la novedad de la época. Pero creo también, que donde encontramos el peligro tenemos que encontrar la salvación. Porque esta amenaza nos llevó a muchas personas a reflexionar sobre estos sentidos de la democracia. No a eludir la pregunta sobre cuáles son los problemas, sino tratar de pensarlos: ¿Cómo hacer para que la democracia siga siendo un poder instituyente de derechos, un poder instituyente de mejores realidades, un poder instituyente de futuro? Estamos ante un desafío y no es que niego las preocupaciones, sino que me parece que estamos en una época que nos desafía a pensar el futuro que queremos y a pensar qué caminos y que recorridos comunes vamos a hacer para que nos llegue a todos/as, para que esa democracia, sea una realidad para las mayorías.

Además, creo que hay una cosa interesante con esta idea de la libertad que nos lleva a pensar qué idea de libertad queremos habitar, si es una libertad individualista o es una libertad social. Entonces cuando pensamos sobre esto, viene desde las ideas anarquistas  la libertad social: en donde para ser libres necesitamos que todos lo sean. Esto nos ubica en cuanto a profundizar los sentidos instituyentes de los derechos. Incluso, en este momento, en que la libertad es puesta como bandera, no tenemos que renunciar a la idea de libertad. La libertad también es nuestra bandera, lo que pasa que la libertad es una libertad social y una libertad colectiva. No es una libertad individual para hacer lo que se me cante, sino que es un tipo de libertad donde la satisfacción está dada por la posibilidad de la satisfacción de los demás. Es un principio social donde radican nuestras mejores potencias.

-Para finalizar queremos preguntarte sobre tu participación en el grupo inicial de Ni una menos y mencionar que desde esa época, ocurrieron varios eventos muy importantes para los feminismos, como la conquista de la IVE y debates sociales sobre demandas que ya llevaban muchísimo tiempo en agenda ¿Qué análisis haces de los recorridos que tuvieron los feminismos desde entonces y cuáles son los desafíos considerando este contexto social y político?

-Por un lado, desde 2015 en adelante, los feminismos se instalaron como un discurso muy pregnante que logró mucha empatía social: el Ni una menos, la marea verde, la masificación de algunas ideas, el convencimiento a diversos sectores de partidos políticos de que en el feminismo había algo para escuchar y tal vez, un capital político. Hubo una especie de aceleración social respecto de la experiencia feminista que hace que, en muchos lugares o en muchos sectores sociales, responsabilicen a los feminismos de los avances de los conservadurismos. Pero ahí creo que hay una falta de lectura y de comprensión  de lo que son los feminismos. Cuando reducimos los feminismos a agendas específicas como la de aborto, como la de violencia, lo que hacemos es reducir un movimiento y una idea política de emancipación a una agenda específica. Me parece que reducirlo, es quitarle la potencia que tiene como movimiento. Cuando se le atribuye al feminismo ser una agenda de minoría, es como atribuirle que no comprende la clase, que no comprende otras diferencias sociales. Y lo que nosotras decimos es: sí, dentro de la clase hay mujeres precarizadas, trabajadoras de la economía popular radicalizadas, y hay una diversidad que necesita ser mirada. Entonces creo que cuando se le atribuye a los feminismos determinadas responsabilidades no se lee lo que los feminismos traen a la lectura social y a la intervención política en la sociedad, que es la interseccionalidad. Se trata, en cambio, de tener una llegada que nos permita leer la clase, leer la racialización, el capacitismo y las diferencias de género, leer los sesgos de género, y poder transformar todo esto más específicamente.

Los desafíos implican defender lo que hemos conquistado socialmente. Tenemos que hacer una lectura feminista de un montón de conquistas como la jubilación para las amas de casa, no sólo el aborto legal. Y además, tenemos la responsabilidad de profundizar algunos reclamos, como la necesidad de políticas de cuidado, la necesidad de avanzar en el fin de la brecha salarial, que haya igualdad de oportunidades reales a la hora de insertarnos en el mundo laboral, que se reconozca el trabajo que hacemos como cuidadoras y que se reconozca la forma en que el capitalismo reconoce o no cómo se paga ese trabajo. Entonces creo que no hay que bajar las banderas que tenemos, pues nos va a tocar resistir ante una expresión totalitaria y reaccionaria regresiva para nuestros derechos. Nos va a tocar defenderlos. Cuando pensamos en la Argentina y en nuestros derechos, tenemos que pensar en realidad regionalmente. Hay muchas expectativas sobre los resultados electorales así como había expectativa sobre si aprobaban o no el Aborto Legal en el Congreso, porque las feministas tenemos un movimiento que es trasnacional. Entonces cuando acá se mueve algo, así como cuando se mueve algo en Colombia, México y en Brasil, repercute para todas. Las feministas tenemos una alianza que excede las fronteras nacionales y debemos saber que lo que ocurra acá puede repercutir en la región. Por es, es importante defender lo que tenemos y muy importante que no se pierda.

Idea, Producción y Conducción: Andrea Sosa Alfonzo y Clara Chauvín

*Andrea Sosa Alfonzo es comunicadora y periodista. Se especializa en comunicación digital. Es Directora Periodística de Revista RIBERAS. Ha publicado artículos en diversos medios de comunicación. También hace columnas para radio desde 2014, desde el enfoque de género y feminismos.

**Clara Chauvín es periodista y productora de contenidos en Canal UNER y en Riberas. Desde el año 2009 viene trabajando en diferentes medios gráficos, radiales y televisivos, especializándose en género y feminismo. En 2019 publicó el libro «Hermanadas: Postales de lucha» (Editorial El Miércoles).

Edición de textos: Mauro Milesi

Ilustración de portada de episodio podcast: Emiliano Pereyra

Interpretación música Los Dinosaurios Charly García para artística de Tercera Temporada: Grisel Policastro