El problema no es la ciencia

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Por Fernando Sassetti* | Ilustración de interiores: Alejandra Andreone | Tapa: Klawe Rzeczy

La pandemia nos obligó a revisar los diálogos históricos entre el desarrollo científico-tecnológico y social en relación a cómo se concibe desde la política la agenda de la salud. Los determinantes sociales y la inequidad en el acceso a las tecnologías, influyen en cuáles son las poblaciones que mueren. Resolver estas problemáticas será la respuesta a si vamos a salir mejores. 

 

 

¿Qué implica pensar ciencia y desarrollo tecnológico? ¿Cuánto de los avances de la época nos permitirán habitarla en condiciones de igualdad? ¿La mortalidad nos habla más de la escasa movilidad social que han tenido las clases bajas? Llegó la pandemia mientras nos hacíamos cargo de las nuevas revoluciones tecnológicas a favor de la ciencia, la salud y el desarrollo social. Sin embargo, algunas de las transformaciones que creíamos radicales a la luz de la historia, empezaron a resquebrajarse para quedarnos con algo un poco más esencial: el cuidado de la salud de las poblaciones está vinculado con los saberes y conocimientos que disponemos sobre las enfermedades, cómo prevenirlas y curarlas. Pero indagar en cómo se desarrolla una enfermedad y cómo puede prevenirse, no es suficiente para evitar que las personas se mueran tempranamente por ello. Y en cuanto a esto, las estadísticas sanitarias muestran que cada año en nuestro país mueren miles de personas por causas evitables. Incluso, aparece un dato que se mantiene a lo largo del tiempo, y es que los grupos que agrandan las cifras son los que pertenecen a los sectores sociales  más vulnerables.

Fue así que asumimos que parte de las prioridades políticas de los próximos años, deberían centrarse en que además de conocer cómo abordar las enfermedades, en relación a las investigaciones de hombres y mujeres que hacen ciencia, se necesita también de una dirigencia política para garantizar la incorporación del conocimiento como un valor intrínseco al desarrollo humano y al servicio de los pueblos. Para ello, hay que partir de un primer paso y es la necesidad de que el conocimiento, la ciencia y la tecnología lleguen a las comunidades, al sistema de salud, a la industria y a los órganos de Gobierno. El gran debate que tensionó las disputas sobre el devenir de la ciencia al servicio del desarrollo de la humanidad, estructuró el transcurso de la historia argentina, con sus aciertos y contrariedades.

Educación, ciencia y trabajo

Este vínculo entre ciencia, educación y modelos de desarrollo, tiene en nuestro país una gran historia, que probablemente, comenzó con Manuel Belgrano cuando promovía la educación como la herramienta para el trabajo, para el desarrollo de la industria, la producción en el campo y el desarrollo del comercio.

Belgrano, hacía énfasis en que la educación tenía que llegar a los “infelices”. Seguramente, se refería a “los” del 1800, hombres y mujeres que soportaban la esclavitud y los abusos del sistema colonial, reducidos/as a la subsistencia básica, sin un acceso real a los frutos de su trabajo. La participación del prócer en la defensa de nuestro país ante las invasiones inglesas, o en la Revolución de Mayo y la Guerra de la Independencia, muestran con claridad que entendía que era necesario luchar por un país independiente, libre de toda dominación extranjera.

Otros de los pasajes de nuestra historia, vinculado con la educación y el conocimiento, tuvo como protagonista a las juventudes estudiantiles de Córdoba en la conquista de la Reforma Universitaria. En ése tiempo, también se discutió si cabía que las universidades fueran lugares de privilegio para las minorías, asumiendo que el conocimiento no podía ser puesto solamente al servicio de las clases más acomodadas. En esta misma línea, otro gran hito fue el decreto 29.337, de 1949, con el cual la educación universitaria pasó a ser gratuita tanto para la sociedad argentina como para la incipiente condición del ser latinoamericano. Fue Juan Domingo Perón, quien entendió que para desarrollar la industria y la ciencia en el país, se necesitaba incorporar a la gran cantidad de jóvenes que quedaban afuera del sistema educativo y para eso era necesario que las universidades fueran abiertas y sin arancel. Años después, Perón dijo: “La conquista más grande, fue que la universidad se llenó de hijos de obreros donde antes estaba solo admitido el oligarca”. Con el paso del tiempo, podemos decir que una de las mayores conquistas fue que en esas universidades se formaron profesionales para el desarrollo de un país con mayor independencia. Hubo avances importantes en el sistema de atención de la salud, en el desarrollo de la industria nacional y de un sistema científico y tecnológico. Parte de esos logros y potencialidades, se pueden ver en la película “La Argentina Latente”, del cineasta Pino Solanas.

A pesar de que nuestra historia estuvo cargada de la expulsión reiterada de nuestros país de hombres y mujeres de ciencia, en esos gobiernos que manifestaban que «da lo mismo fabricar acero que caramelos» o que los científicos se tenían que ir a lavar los platos en lugar de ponerse a investigar, la llegada de esta pandemia puso en escena la necesidad de mayor educación, salud pública, empresas que contribuyan al desarrollo de una sociedad menos desigual y universidades que piensen y brinden soluciones a los grandes problemas que tenemos la sociedad argentina. 

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Crónica de una epidemia

Una epidemia es un fenómeno que se da a nivel poblacional, que por sus características y por sus potenciales consecuencias catastróficas, visibilizan en poco tiempo, los problemas estructurales que tienen los pueblos y las políticas de gobierno. No es la primera vez que la humanidad se siente amenazada por un virus. En los siglos pasados, se tardaba bastante tiempo en identificar los agentes causales de las enfermedades, los modos de transmisión y, en consecuencia, cómo prevenirlas.

A partir del estudio de los registros de las defunciones en las epidemias de cólera, el médico John Snow entendió que la mortalidad de las personas se debía a algo vinculado con el agua; en aquél momento, se pensaba que las enfermedades se transmitían por “miasmas” que salían de los cuerpos enfermos. A pesar de tener toda evidencia, a Snow le llevó muchos años convencer al funcionariado que para evitarlas, era necesario no mezclar los efluentes cloacales con el agua para beber. En la publicación “Historia de una epidemia olvidada, la pandemia de gripe española en la argentina 1918-1919”, Adrián Carbonetti describe cómo se desarrolló aquélla epidemia en nuestro país, dónde empezó, cómo se propagó y quiénes fueron los más afectados. Imaginemos por un momento cuáles fueron esos sectores y vamos a llegar a los mismos de hoy: “…la gripe es una enfermedad que no distingue, en lo referente a la morbilidad, entre ricos y pobres, no obstante sí lo hace en la mortalidad (…) La epidemia mostró su faceta más agresiva en las poblaciones de las provincias más desprotegidas, tanto material como sanitariamente”.

En la actualidad, podemos observar y comprobar que las tasas de mortalidad muestran esas diferencias sociales: la falta de empleo, la escasez de soluciones habitacionales y de vivienda, del acceso a los alimentos y a la educación, son algunos de los factores que siguen explicando por qué la mortalidad no es tan democrática. Antes como ahora, surgen explicaciones de diversas posiciones sociales que tratan de minimizar el problema: “El 16 de octubre de 1918, el periódico La Nación, publicaba noticias sobre la gripe que habría ingresado a la Argentina bajo el encabezado: “La gripe no debe alarmar, su presentación es benigna”. “Este medio emitió otro mensaje tranquilizador dos días después, el 18 de octubre, al observar que la sociedad de la ciudad de Buenos Aires, se burlaba de la enfermedad saliendo a pasear por sus calles y haciendo caso omiso de la posibilidad de un contagio”.

La historia enseña pero no tiene alumnos, una frase que podría explicar por qué el contexto de la pandemia del COVID-19 se parece tanto a otra de hace cien años atrás. Carbonetti relaciona el fenómeno con los niveles de analfabetismo, de pobreza, precarización del sistema de salud y del aparato del Estado frente a un fenómeno difícil de resolver. Sin embargo, el diálogo entre la ciencia y el desarrollo tecnológico permitieron mejorar el nivel de conocimiento que tenemos de los fenómenos vinculados con la vida.  En cambio, pareciera ser que los problemas que tenemos no son de conocimiento, sino de poder pensar una sociedad más justa, de asumir el legado de nuestros/as patriotas de mayo y de julio. ¿Podemos preguntarnos, entonces, si las estructuras del Estado se parecen más a las del 1900, colmadas de un sistema de poder conformado por los mismos sectores que vemos hoy?

 

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Tecnología y futuro

Mientras algunos países confiscaban aviones y desviaban el rumbo de equipamientos médicos, aplicando el sálvese quien pueda y la ley de la selva, en nuestro país, se organizaba desde el Estado –en acuerdo con las empresas estratégicas– la provisión de tecnología para atender las necesidades de acuerdo a las prioridades sanitarias. La realidad nos permitió conocer a diversos profesionales en el ámbito público y privado, con capacidades para inventar, diseñar, desarrollar e implementar tecnologías que aportan soluciones a los problemas que generan las epidemias en las poblaciones. Previo a este contexto y durante mucho tiempo, nuestro país estuvo encandilado por las luces del extranjero, esos sectores, criticaron y descalificaron la producción nacional de tecnología médica e incluso, de tecnologías para el cuidado de la salud. En la crisis de 2001, pudimos ver algunas experiencias donde jóvenes profesionales se asociaban con importadores de equipamiento para comenzar a fabricarlos en nuestro país. Más hacia 2011, el Gobierno publicó un estudio sobre el sector al que tituló “Insumos y Equipamientos Médicos”. En aquellos años, importábamos tecnología médica por 408,6 millones de dólares y se exportaba por 61,6 millones de dólares. Cuando se analiza esta serie de datos del período 2003-2010, se observa un aumento de las importaciones año tras año. Se estimó que para 2018, el mercado de Insumos y Tecnología Médica Argentino es de 683.45 millones de dólares, 244,60 millones vinculados con empresas locales; 50,25 millones de exportaciones; y 489,10 de importaciones. El aumento en las importaciones podría haber estado relacionado con la eliminación de restricciones a la importación y la eliminación de limitaciones en la repatriación de dividendos de 2016.

En estos últimos años, asistimos al cierre de varias empresas vinculadas con la producción de equipamiento médico, entre ellas las que fabricaban jeringas. Las recomendaciones de los funcionarios de turno fueron: “Dejen de producir e importen”. La realidad que nos toca vivir en el siglo XXI con una pandemia de características globalizadas, le sigue dando vigencia al ideario de Manuel Belgrano: “la importación de mercancías que impiden el consumo de las del país o que perjudican al progreso de sus manufacturas, llevan tras sí necesariamente la ruina de una nación”.

Volvemos a las preguntas del comienzo de este texto, para señalar que es necesario y posible producir los insumos y los equipamientos para el cuidado de la salud de la población en nuestro país, desde una perspectiva inclusiva y equitativa. En palabras de Belgrano, destinada a los infelices, para que no sea únicamente un privilegio de las minorías. Y este enfoque es posible, precisamente, porque en nuestro país seguimos teniendo las puertas abiertas del sistema universitario a la formación profesional, la cual favorece la creación de un sistema científico y tecnológico comprometido con el bienestar de nuestro pueblo.

 


*Fernando Sassetti es Prof. Adjunto de Disciplina de Salud Pública. Facultad de Ingeniería de la UNER


Referencias:

Carbonetti, Adrián. (2010). Historia de una epidemia olvidada: La pandemia de gripe española en la argentina, 1918-1919. Desacatos, (32), 159-174.

Cerda L, Jaime, & Valdivia C, Gonzalo. (2007). John Snow, la epidemia de cólera y el nacimiento de la epidemiología moderna. Revista chilena de infectología, 24(4), 331-334    

Secretaría de Política Económica Subsecretaría de Programación Económica (2011) – Complejo Insumos y Equipamiento Médico.  www.economia.gob.ar/peconomica/docs/Complejo_Equipamiento_Medico.pdf

Departamento de comercio de los Estados Unidos de América. Medical Technology

www.trade.gov/knowledge-product/argentina-medical-technology

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