“El golpe del ´76 evoca el antagonismo entre los poderes políticos golpistas y los científicos”

Diálogo con Carina Cortassa* | Por Andrea Sosa Alfonzo | Imagen: Archivo

La dictadura cívico-militar que comenzó en 1976 tuvo sobre el sistema científico y tecnológico argentino, sobre los investigadores/as y sus instituciones, los mismos efectos devastadores que tuvo sobre el resto de la vida social, política, económica, educativa e institucional de nuestro país.


Dialogamos con la docente investigadora, Carina Cortassa sobre el impacto de la última dictadura cívico militar de nuestro país en el desarrollo científico tecnológico y en el sistema universitario. Carina Cortassa es Profesora titular de la cátedra Problemática de la Ciencia en la FCEDU-UNER e investigadora en REDES – Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior. En cuanto a lo que refiere a la ciencia y las tecnologías argentinas, la docente señaló que quienes han estudiado ese período -incluso muchos de ellos también lo vivieron- en cuanto a lo que ocurrió con la ciencia durante la dictadura, como por ejemplo, María Albornoz, Pablo Jacovkis, Diego Hurtado, Pablo Kreimer, Roberto Salvarezza, entienden que es preciso, para comprender cuáles fueron los alcances e impactos de la dictadura sobre nuestro desarrollo del sistema científico tecnológico; “remontarnos unas décadas antes a los comienzos e inicios del sistema nacional de ciencia y tecnología como un proceso que se materializa entre las décadas de 1950 y 1960 en el marco de un proyecto político y económico de desarrollo y modernización nacional”.

-¿Qué ocurrió en ese período?

-En ese período es cuando empiezan a implementarse por primera vez de manera sistemática, políticas públicas de planificación, promoción y financiación de la investigación y el desarrollo. Es también cuando surgen las principales instituciones por fuera de las universidades que van a dar impulso al crecimiento y la consolidación de la ciencia local: por ejemplo surge la Comisión Nacional de Energía Atómica, el INTA , el INTI, el CONICET y la Comisión Nacional de Investigaciones Aeroespaciales.

-¿Qué significa esto?

-Que hacia mediados de la década del 60 la investigación científica en Argentina había alcanzado un nivel de desarrollo y visibilidad a nivel internacional en lo que en general la mayoría de los autores coinciden en señalar como una verdadera época de oro de la ciencia en nuestro país. A todo ello, es a lo que se enfrentan entre 1966 y 1973; 1976 y 1986, las sucesivas interrupciones del orden democratico impuestos por las dictaduras cívico militares. Ese proceso que se inició durante 1966 tuvo efectos devastadores a corto y a largo plazo sobre el desarrollo cientifico y tecnologico nacional a través de cuestiones que todos sabemos: el desmantelamiento sistemático de cátedras, de laboratorios y centros de investigación de proyección internacional en todas las áreas, el exilio, la autocensura o la autoexclusión o la expulsión de investigadoras e investogadores, su asesinato, su desapricion forzosa y claramente, se trata del comienzo de una profunda y muy prolongada decadencia.


-¿Cuáles son los aspectos históricos que debemos recuperar en este proceso de degradación del sistema científico-tecnológico para entender lo que ocurrió después?

-Lo primero que hay que entender es que las condiciones que impuso la última dictadura al campo cientifico tecnologico en nuestros pais no es sino la culminación brutal de un proceso comenzado diez años antes, el 29 de julio en 1966, durante la famosa Noche de los bastones largos, cuando la Policía de la dictadura de Onganía desalojó a palazos las universidades que habían sido tomadas por docentes y estudiantes. Claramente esa imagen quedó grabada a fuego sobre la memoria de la ciencia nacional. Éste es un punto de inflexión como uno de los primeros ataques que recibiría y que se profundizará con tremenda crudeza ya durante la siguiente dictadura.

A mediados de la década del 60 cuando la ciencia argentina atravesaba una etapa de profesionalización, institucionalización, una etapa fértil y dinámica que empezaba a recoger los frutos del reconocimiento nacional e internacional, la Noche de los Bastones Largos llega para romper con todo eso e inaugura un periodo, que sin llegar a los niveles de criminalidad del ciclo 1976-1983 hasta hoy, evoca a nivel simbólico la idea de represión, de avasallamiento y pone de relieve el cada vez más claro antagonismo entre los poderes políticos golpistas y los científicos/as e intelectuales; y con las instituciones en las cuales todos ellos y ellas se desempeñan. 

Lo que ocurrió a partir del golpe del ´76 no hizo sino profundizar ese proceso de destrucción del sistema comenzado diez años antes que afectó a todos los campos del conocimiento sin distinción, tanto a las ciencias sociales, como a las humanidades y a las ciencias físico naturales. Como dice Pablo Jacovsky, ex presidente del CONICET y ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, todas las áreas disciplinares tuvieron un enorme retroceso durante la dictadura militar, sea por el desmantelamiento, como dijimos, de líneas completas de investigación, por el exilio interno o externo de una gran cantidad investigadores/as. Claramente en muchos la opción para sobrevivir era callar, buscarse otro trabajo o irse del país. También por la dimensión más trágica de ese proceso a través de los secuestros y desapariciones que sucedieron, tanto en las universidades como en otras instituciones públicas, como en la Comisión Nacional de Energía Atómica, INTA, INTI, CONICET y cabe decirlo, secuestros y desapariciones que en muchos casos se produjeron con la complicidad de las autoridades de turno en esas instituciones. 

-¿Todas las áreas de conocimiento fueron desmanteladas o se rescataron aquellas que eran afines a los objetivos del proceso militar?

-Debería decir que en este breve repaso quedan por fuera muchos otros aspectos sobre el impacto de la dictadura militar en nuestro país. Y precisamente, existió el hecho de que ciertas áreas de conocimiento consideradas estratégicas a los fines militares como la energía nuclear y las actividades aeroespaciales, tuvieron en ese período un fuerte florecimiento, junto con otro tipo de situaciones que se produjeron a lo largo de esos años. Pero para todo ello remito a una gran cantidad de obras publicadas en nuestro país que se encuentran fundamentadas y donde ese período es rigurosamente investigado en sus diferentes aspectos. Sólo para mencionar, por ejemplo el libro del físico historiador Diego Hurtado de Mendoza “La ciencia argentina. Un proyecto inconcluso: 1930-2000”, publicado por Editorial Edhasa en 2010; ó la compilación de Cecilia Gargano, “Ciencia y dictadura: trayectorias, agendas de investigación y políticas represivas en Argentina”, editado por el INTA en 2015; y una obra más reciente de Fabiana Bekerman donde se analiza la política científica de ese período que se llama “La investigación científica argentina en dictadura. Transferencias y desplazamientos de recursos (1974-1983)” publicada en 2018 por la Editorial de UNCuyo. 

Realmente, es un período donde nuestro país ha hecho como en otras áreas del conocimiento, un esfuerzo grande por recuperar la memoria, la verdad y la justicia. El sistema científico tecnológico no fue inmune sino que se vio tan igual de afectado por la brutalidad y el efecto destructivo de la dictadura cívico militar. Cada año es un buen momento para recordar y volver a pensar lo que le costó o lo que le sigue costando a la ciencia y la tecnología nacional recuperarse de ese proceso destructivo. 


Enlaces de interés sobre el tema:

Golpe a la ciencia: http://www.museositioesma.gob.ar/item/un-golpe-a-la-ciencia/

La ciencia de las Abuelas: http://www.museositioesma.gob.ar/item/la-ciencia-de-las-abuelas/


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*Dra. en Ciencia y Cultura. Mgter. en Ciencia, Tecnología y Sociedad. Profesora titular de la cátedra Problemática de la Ciencia y Secretaria de Investigación y Posgrado de la Facultad de Ciencias de la Educación (UNER). Investigadora en REDES – Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior. Contacto: carina.cortassa@uner.edu.ar