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“El cambio cultural coloca al ciudadano para que hable otro lenguaje, el del individuo y el egoísmo”

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Entrevista a Luis Alberto Quevedo* | Fotos: Liza Taffarel, M.A.F.I.A, Lucía Prieto  

Quevedo analiza la trama política y cultural para recuperar la memoria de los sectores sociales en la escena pública en contrapartida a la individualización de la ciudadanía. Y cómo las estrategias de comunicación clausuran el debate para consolidarse como espacio por donde circula la palabra política.

 

-En algunas formas de hacer la política aparece el imaginario sobre un sujeto individual muy asociado con la cuestión de la meritocracia, de hecho es una perspectiva invisibilizada pero que atraviesa a esta Cumbre del G20 en relación a una variable que vincula esfuerzos a logros, y en consecuencia, a los modelos en los cuales se piensa el desarrollo. ¿Esta es una perspectiva que crece a nivel regional?

-El ciclo que da comienzos al siglo XX, me refiero a los primeros 15 años, se vivieron en América Latina una ola de gobiernos que tuvieron una matriz de pensamiento bastante similar, respecto de dos o tres temas que el neoliberalismo en los ´90 había tirado a la basura: uno es el rol del Estado, otro es la necesidad de volver a la política, y por último, la producción de ciudadanos participativos e interesados en la cosa pública. Había una idea de compromiso de la política pública con mejorar las condiciones de los más desfavorecidos, vemos esto en el Brasil de Lula (Da Silva), la Venezuela de (Hugo) Chávez, el gobierno de (Rafael) Correa, lo que aún es el gobierno de Evo Morales, el kirchnerismo en Argentina, y otras experiencias de América Latina. Esa idea viene a ser desmontada por Cambiemos, en una nueva oleada, con una matriz cultural que es compartida por otros gobiernos en América Latina. Algo así lo anuncia el liberalismo: mi destino personal es una elección mía y depende de mí, o sea que lo que a mí me va a ocurrir en la historia que yo transcurra tiene que ver con un  proyecto de vida que yo me lo tengo que formular, tengo que salir adelante poniendo toda mi energía personal, y si fracaso, tiene que ser leído como un fracaso personal. Por ejemplo, desmontar los sistemas de jubilación y pensiones en América Latina, que es una gran búsqueda del neoliberalismo desde hace varias décadas, consiste en plantear que si te fue mal en tu vida como trabajador, no tiene por qué irte bien en tu vida como retirado. Es decir, se rompe una idea de solidaridad social y lo que aparece es una idea de evaluación individual de un destino de vida. No es casualidad que esto sea una ola mundial, no solo sucede en América Latina, también ocurre en Estados Unidos y en Europa. Es parte de una ola donde ha crecido mucho una espiritualidad individualista basada en la reflexión y el auto-conocimiento. Los libros de autoayuda, por ejemplo, cada vez enseñan más a cómo superar los problemas en la más absoluta soledad. Eso es una mezcla entre liberalismo, filosofía New Age y Budismo Zen ligado a las ideas empresarias. Cada uno de nosotros en una empresa, es una unidad de negocios en sí mismo y debemos buscar ese desarrollo.

Si hay algo que Cambiemos tomó, es lo que viene a sustituir lo que fueron los imaginarios o formaciones ideológicas y simbólicas de la etapa anterior, que era una etapa mucho más colectiva y con niveles de participación. En cambio, esta nueva mirada es puertas adentro de mi casa, de mi vida personal, de la búsqueda de un beneficio personal y de auto-evaluarme como dicen los norteamericanos como un winner o un loser. Al poner la responsabilidad sobre el individuo, se des-responsabiliza a las políticas públicas.

 

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-¿Y qué nutre a la política en el contexto nacional? El ciclo que inicia con Cambiemos apela a la construcción de un cambio cultural, a la construcción de nuevos imaginarios sociales, que desde el surgimiento del PRO, se consolidan con la llegada al Gobierno nacional, ¿qué de eso continúa vigente y qué estaría en crisis?

-El Proyecto de Cambiemos, que se inició en 2015, tuvo tres ejes muy claros y que en algún sentido fueron explicitados por el mismo proyecto. El primero, es que ellos se propusieron cerrar un ciclo histórico en la Argentina que no solo es el del kirchnerismo, sino uno donde el peronismo tenía una concepción del Estado, la economía, la participación social y la ciudadanía, que era necesario clausurar para dar origen a otro tipo de matriz ideológica, política y cultural. La idea de cambio trascendió mucho la coyuntura y tenía una pretensión de una transformación honda de la Argentina. En estos tres años se vieron marcas muy fuertes de esto. El segundo eje de ese cambio, fue colocar el centro de todos los males y los problemas en la forma de Estado que existe en Argentina. Si tuviera que resumir, diría que el gran enemigo de Cambiemos, es el Estado, en un sentido muy amplio. En primer lugar, porque el diagnóstico que hacen del Estado tiene que ver con el mal que produce la intromisión de lo público en el mercado y en cualquier escena económica. Ese es el mal que le producen las políticas públicas que se desarrollan en Argentina atendiendo la cuestión social, es el mal que le produce ciertos agrupamientos sindicales que siempre fueron muy fuertes en Argentina vinculados al sector público, y que además, fueron protagonistas del ciclo anterior. Me refiero a los maestros, a los educadores en general, al sector de la Salud, al sector de Ciencia y Tecnología, al empleado público como una categoría sociocultural y no sólo administrativa. El Estado tuvo para Cambiemos un peso en su modo de concebir el ciclo nuevo, que significa desmontar todo lo que fue el rol del Estado en la tradición peronista. Y el tercer eje, muy importante en este ciclo de Cambiemos, es el eje de la transformación cultural.  El peronismo siempre concibió a la política como una arena de derechos, un territorio donde la ciudadanía se construye por ampliación de derechos. En este sentido, el ciclo anterior, kirchnerista, había profundizado mucho esto aunque no todos los ciclos del peronismo lo hicieron. Un ejemplo de esto fue en los´90. Sin embargo, está en la matriz del peronismo concebir las necesidades transformadas en derechos, una idea que viene de Eva Perón y del primer peronismo: “Allí donde hay una necesidad hay un derecho”. Esta idea de una ciudadanía que se amplía está muy arraigada culturalmente en la sociedad argentina, y, parte del proyecto de Cambiemos, implicó un cambio cultural de cómo nos auto-percibimos en nuestra ciudadanía. Cambiemos tiene la pretensión de que volvamos a ser individuos, por eso la categoría de vecinos fue muy fuerte en el ciclo del gobierno de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires.

La idea de vecino a nivel nacional, es un ciudadano que está localizado geográficamente con problemas concretos y específicos en su lugar, su barrio, es un ciudadano que no está asociado a un sindicato y que no está asociado a ningún imaginario que tenga algo que ver con otro que vive en Santa Cruz, en la Quiaca o en Paraná.

Es decir, tengo que mirarme a mí mismo, en mi egoísmo personal y definir qué es lo que yo quiero para mi vida, para mis hijos, para mi casa, para mi vereda y mi barrio. Ahí termina mi ciudadanía. Entonces esa idea de ir a ver al ciudadano y hablarle como vecino, es un cambio cultural muy fuerte. ¿Qué se espera de la reacción de esa persona?, es que renuncie a una idea de colocarse en una serie amplia, la de una ciudadanía cultural, política, social.

En cambio, que se coloque en un eje donde lo que importa es su rol como individuo en la sociedad, en su proyecto personal, en su proyecto familiar, en su proyecto dentro de la ciudad. Por eso el timbreo, el diálogo mano a mano, es siempre un diálogo político geo-localizado, porque si alguien me toca el timbre en mi casa y me pregunta qué necesitas, yo voy a mirar qué necesito en mi cuadra: las veredas están rotas, quiero que recojan mejor la basura, que pongan luminarias porque mi barrio es muy oscuro, pero nunca le voy a decir que es necesario un buen circuito de riego para Tafì del Valle en Tucumán o que los productores de frutillas o de arándanos puedan exportar mejor. La manera en la cual el cambio cultural fue llevado adelante, fue tratando desmontar el ciclo anterior y colocar al ciudadano para que hable otro lenguaje: el del individuo, el del egoísmo personal.

 

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-Cómo traducimos este análisis a las estrategias de comunicación política, el marketing político, y la construcción de la imagen política? Pienso en la notoria aparición de nuevas estéticas, el ingreso más reciente de las tecnologías de la comunicación a las nuevas narrativas y el armado de las identidades políticas.

-Este nuevo ciclo que inaugura Cambiemos tiene componentes de estrategias de comunicación que vale la pena prestar atención, porque convergen en un mundo que tiene transformaciones en las tecnologías, en los consumos culturales, en las prácticas de los individuos y de los ciudadanos. La estrategia de Cambiemos siempre fue inseparable de una estrategia de marketing y comunicación política. Cambiemos concibe la política como un lenguaje publicitario y en esto me parece que hay una impronta de cómo debe ser el lenguaje de la política, pero también es un modo de desarmar la escena comunicacional muy clásica de los gobiernos populares que tenía que ver con el ciudadano en la plaza, en la calle, en el espacio público. Cambiemos necesita un ciudadano que tiene que ser desinteresado en la política. La estrategia tiene que contemplar un lenguaje político liviano, fresco, ligado más bien a la vida personal y cotidiana, sin núcleos ideológicos, sin complejidades de pensar el mundo. La segunda cuestión es que tiene por fin no promover el debate político sino cerrarlo. La tercera, es el uso de las nuevas tecnologías como el espacio por donde circula la palabra política, entonces aparecen las redes sociales como el gran lugar donde trabaja la palabra. En términos generales las redes sociales son un enigma todavía para la política. Primero porque cada una de ellas habla un lenguaje particular, no es lo mismo tener un buen sitio en Facebook que ser un buen tuitero o saber usar el lenguaje de Instagram. En segundo lugar, cada uno de estos lenguajes requiere profesionales y Cambiemos los puso. En tercer lugar, requiere una alfabetización y lingüística digital de quienes van a encarar esto y el mejor alumno, es Macri porque respeta a quienes lo formatean para hablar cada uno de estos lenguajes, él acepta este código que significa hablar la lengua de la Red. Por último, el uso de las redes está bastante más allá de lo que tiene que ver con la aparición de los candidatos o funcionarios y es por donde transitan hoy buena parte de nuestros intercambios. Es decir, hay que trabajar en ese territorio simbólico de la política que ellos han privilegiado. Esto es un cambio en los lenguajes de la política, es un cambio en la comunicación política que se adelantó a muchos otros actores de la política que no manejan estos lenguajes. El otro gran componente de esto es que mientras el ciudadano esté en las redes el poder está tranquilo y específicamente en relación a la idea de que se conciba una ciudadanía donde la participación sea opinar en un foro, escribir en un posteo en Facebook, mandar un tuit insultando a alguien, ése es un ciudadano que a Cambiemos le interesa porque es un ciudadano que no se moviliza, que no está en la calle, que no convoca. Ése es el ciudadano del odio. Entonces, ¿cuál es el ciudadano problemático?, el que hace dialogar las redes y la calle, la plaza y el twitter o Instagram, porque convoca desde las redes para salir a las calles y cuando está en las calles alimenta las redes. Ése ciudadano es un problema para el poder, porque usa las redes como un instrumento y además comunica lo que pasa en la calle.

-¿Y cuál es el rol de los medios de comunicación masivos en este escenario?

El panorama de medios en Argentina desde hace varias décadas ha tenido dos vectores muy fuertes, uno es la concentración de medios y el otro vector es que los medios hegemónicos forman parte de un bloque de poder que era bastante desconocido en ciclos anteriores de la política argentina. Desde el regreso de la democracia en el ´83 con Alfonsín, ni el menemismo, mucho menos De La Rúa y posteriormente el kirchnerismo, tuvieron homogeneidad en su gestión de gobierno formando parte de un coro común y con una estrategia muy decidida para sostener el modelo, como ha ocurrido en estos tres años con Cambiemos. Los medios de comunicación sufrieron en los ´90 un gran cambio, así como también los consumos culturales. En Brasil, Chile y México, las corporaciones están muy transnacionalizadas y actúan en cadena: todo lo que sabemos sobre Venezuela viene por esos lados, todo lo que sabemos sobre el proceso de México y su cambio viene por esos medios y todo lo que no sabemos sobre qué ocurre hoy en Bolivia también se obtura en esos medios. Es decir, siguen teniendo mucha capacidad de producir agenda, de construir historias, de obturar o distorsionar información. El debate sobre Fake News, es global y no solamente sobre lo que ocurrió en el Brexit o en Estados Unidos y esto es una novedad para nuestras democracias. Y supone un gran impedimento para que podamos decir que la democracia es una pluralidad de voces y está representada en el espacio público mediático. La manera en la cual ha habido ciertas estrategias en las comunicaciones defensivas es que muchos medios pequeños intentaron sustituir esto, complejizar el espacio público y las voces, producir información, tener espacios de intercambios. Sin embargo, no tienen estrategias de agregación que puedan suponer un cambio en lo que son las agendas que vienen de los grandes medios nacionales. Entonces ahí ya hay un primer triunfo.

El segundo triunfo que tienen los grandes medios es que siguen siendo los que pueden agregar audiencias, ese tema es un desafío que trasciende mucho la política y tiene que ver con la industria. Entonces los pequeños medios luchan en sus pequeños territorios, les cuesta formar cadenas, les cuesta hacer sistema, aunque intervienen en el sentido común y son parte de la palabra política, no pueden competir al nivel que tienen los medios hegemónicos. La batalla comunicacional de la concentración fue ganada por esas grandes corporaciones. En cambio hay una batalla del sentido que se da en lo local, y ahí hay competencia con otros medios.

 

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Agrego otro eje a la discusión para invitarte a pensar en los modelos de desarrollo en Argentina donde la desigualdad y la exclusión social aparece como un elemento estructural en nuestra historia reciente, me refiero al menos a las últimas décadas. En este contexto, hay un sujeto popular diverso, muy movilizado y politizado, que expresa sus demandas en el espacio público, pero pareciera que éstas son desarticuladas o fragmentadas entre sí. 

-Creo que en materia de desarrollo, en un sentido amplio, puede haber crecimiento con mucha desigualdad, puede haber crecimiento del lado de la primarización de la economía y sin desarrollo industrial, puede haber crecimiento sin uso de tecnologías auto-producidas por los países, puede haber crecimiento sin que haya desarrollo. El desarrollo tal como fue concebido en la literatura clásica y en la política, supone muchas otras dimensiones de lo humano y supone también un modelo más integral con el cual un país se mueve.

Lo que estamos viviendo ahora es el desmantelamiento de un modelo de desarrollo en la región  que suponía tomar en cuenta todas estas otras variables, por ejemplo, el desarrollo de la capacidad científica y tecnológica propia, el desarrollo en el sentido de la inclusión social, o sea que el modelo de crecimiento suponga también un principio de equidad y un principio de re distribución.

En el ciclo anterior, los gobiernos populares intentaron crecer con equidad tal como ocurrió en Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia. En cambio el actual modelo que estamos viviendo en muchos países de la región tiene que ver con desmantelar esta pretensión que tuvo América Latina de tener desarrollo industrial competitivo, una plan de infraestructura con expansión de universidades y centros de investigación que le proveyera a cada uno de los países desarrollo científico y tecnológico propio, una diversificación en la industria. El paradigma neoliberal de la competencia es la primarización de la economía en América Latina, con muy bajo desarrollo industrial y en muy pocos rubros, agregando valor en algunas de las líneas de producción más ligadas a lo agrícola, por ejemplo. Y teniendo en cuenta, que la distribución no es un objetivo de este crecimiento, volvemos a lo que decíamos antes acerca de que el destino de los ciudadanos en nuestros países, será lo que cada uno supo procurar en la vida. El paradigma de lo que se espera de América latina, y que está en la cabeza de los gobiernos liberales, es sentirnos orgullosos de ser proveedores de materias primas.

Siguiendo este análisis, ¿cuáles son los elementos que aparecen como desafíos, incluso para pensar un ciclo superador al que inició el kirchnerismo?

-Tanto en Argentina como en la región, el desafío del próximo ciclo –Argentina, Brasil y México– es que los modelos que propusieron una alianza salvaje con los países centrales, dispuestos a desmantelar todo para servirlos exclusivamente, dejaron un sedimento de que sí es posible que nuestros países tengan otro formato de desarrollo que incluya a las mayorías populares.

Hay una matriz de derechos que quedó como memoria política. Cuando se lucha por el derecho a la educación, que sea pública, de calidad y gratuita, y se exige que las universidades estén financiadas es porque en Argentina hay cien años de esto. ¿Desde dónde se puede retomar ese nuevo modelo? y ¿qué es lo que ese modelo debería aprender? Hay ciertos errores de cómo se construyeron modelos de inclusión que no lograron hacerse fuerte en determinadas áreas. Si lo pensamos desde la comunicación, hoy somos bastantes huérfanos de voces alternativas porque durante el ciclo anterior, ni en nuestro país, Brasil, Uruguay, o Chile, dejaron una estructura de medios que nos permitiera garantizar esas voces. El desafío es pensar que el pasado, hoy, está constituido por experiencias virtuosas. Pero también hay experiencias dramáticas de este ciclo de las cuales tenemos que aprender. Y comprender que el mundo no es el de hace 15 años, por eso no podemos pensar en el regreso a un modelo que fue exitoso hace 15 años, tiene que haber una voluntad política para reinventarse y hay memoria para ello.

 

Entrevista realizada por Andrea Sosa Alfonzo, directora de Riberas.

 

*Es Sociólogo y Magister en Sociología de la Cultura por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de la Universidad de París. En Argentina hizo investigación especialmente sobre medios de comunicación y cultura política. Y desde hace 20 años, trabaja FLACSO Argentina, donde es Director. Es profesor profesor titular de Sociología Política en la UBA. Se dedica a estudiar e investigar sobre temas en comunicación, cultura, cultura política y derechos humanos.

 

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