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Carta de una nieta recuperada

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Por Adriana Garnier Ortolani*

24 de marzo de 2020

Este es el tercer año en el que estoy recorriendo el camino de la verdad. Desde aquel 4 de diciembre de 2017, -que nunca dejaré de sentir que fue un sueño -, me vi sumergida en un sin fin de emociones, experiencias y sobretodo, verdades. Encontré a mi familia que siempre me buscó y con ella, mi identidad.

Como siempre digo con el pecho inflado, ahora sé quien soy. Algo tan simple para la mayoría de la gente que siempre supo quién es, pero tan anhelado por mi, ya que fue un derecho que me arrebataron al nacer.

¡Para mí, suena increíble!

Este año me encuentra mejor plantada en mi vida, después de estar super feliz hasta rozar la manía, el primer año. Un poco depre e introspectiva, el segundo. Tal vez por concentrame en la historia de amor y de lucha de mis viejxs y en todo lo que me perdí de vivir con ellxs.  Lo que no fue, me duele y dolerá por siempre, sólo que ahora aprendí a vivir con eso.

Hoy, pensarlxs me hace fuerte y me entiendo más como persona porque conociéndolxs, encontré muchas respuestas respecto del porqué soy como soy. Y otras tantas descubrí que tienen que ver sólo conmigo, que quedan en el misterio propio de la existencia. Pero lo más importante es que ahora también sabré con más claridad cómo quiero ser.

Hoy disfruto siendo nieta, sobrina y prima. Y trato de colaborar con Abuelas, desde mi lugar de ciudadana, en sembrar conciencia y memoria sobre lo sucedido, para que nunca más ocurra nada similar y nunca se deje de hacer justicia. Ése siempre va a ser mi norte. Concluyendo les puedo decir que hoy me siento una persona completa y libre como nunca lo fui antes.

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En mi vida anterior solía pedir permiso y aprobación para casi todo. Ahora eso cambió, es raro porque soy la misma pero diferente, mejor. Se me agregó la parte que faltaba de mi rompecabezas.

Todo esto se lo debo a las Abuelas de Plaza de Mayo quienes con su inclaudicable e inmensa lucha me han traído a esta nueva vida, mi verdadera vida, y lo mejor es que en ella puedo reconocerme en el rostro de mamá y papá.

Gracias infinitas a ellas, a mi familia que nunca dejó de buscarme y a les que como mis padres luchan por un mundo más justo e igual para todos y todas.

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Archivo fotográfico de la conferencia de prensa de Abuelas de Plaza de Mayo y archivo familiar.

 

*Adriana Julia Garnier Ortolani es la nieta recuperada n° 126 por la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Es hija de Violeta Graciela Ortolani y Edgardo Roberto Garnier. La pareja militó en la FAEP, Edgardo también militó en la JP y Violeta en la JUP. Luego, ambos formaron parte de Montoneros. Sus compañeros la llamaban «La Viole» y, a él, «La Vieja Bordolino» o «El Chueco». Según información que brindó Abuelas, Violeta fue secuestrada el 14 de diciembre de 1976 en el Barrio La Granja de La Plata, con un embarazo de 8 meses. Desde entonces, Edgardo buscó por cielo y tierra a su mujer y luego regresó a su pueblo en Entre Ríos. Cerca de la fecha probable de parto, emprendió nuevamente la búsqueda. Se despidió diciendo que iba a buscar a su hijo y, al poco tiempo, el 8 de febrero de 1977, en La Plata, él también fue secuestrado.

Adriana nació en enero de 1977 durante el cautiverio de su madre. Pero no existe certeza de la fecha de su nacimiento. Se estima que pudo haber sido en el centro clandestino de detención conocido como “Pozo de Quilmes”. Su partida de nacimiento falsa está firmada por la médica Juana Franicevich, quien ya había fraguado las partidas de nacimiento de tres nietos que fueron restituidos recientemente. Como en muchos de los casos de los y las nietas restituidos/as, Adriana se acercó al área de Presentación Espontánea de Abuelas de Plaza de Mayo luego de que alguien de su entorno le confesara que no era hija biológica de quienes la habían criado. Hasta entonces, ella no tenía dudas sobre su identidad. Recibió la noticia en la CONADI e inmediatamente, y con mucha felicidad, accedió a acercarse a Abuelas para encontrarse con su familia y compañeros de militancia de su mamá y papá.

«La verdad es lo mejor que nos puede pasar», dijo Adriana, el día que Abuelas anunció que la habían encontrado.

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