“DESAPARECER ES UN EUFEMISMO PARA HABLAR DE OTRA COSA”

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Entrevista a Carlos Somigliana* | Por Andrea Sosa Alfonzo | Fotos: EAAF 

 

El Equipo Argentino de Antropología Forense ha trabajado incansablemente, desde hace décadas, en la búsqueda y restitución de la identidad de las personas desaparecidas durante la última dictadura cívico militar. La reparación, la posibilidad de duelo y el encuentro de una familia que busca verdad, es también parte de un aprendizaje social que se constituye, en primer lugar, a través de la escucha.

 

 

La antropología forense resultó una disciplina fundamental en la identificación de cuerpos de desaparecidos/as hallados en fosas comunes, costas y otros lugares. La perspectiva multidisciplinaria mejoró ese abordaje para entender la restitución de la identidad de las personas, desde un aspecto individual, concreto, y por supuesto, brindó elementos que también identifiquen a los responsables del hecho. Los interrogantes que se multiplicaron tras la última dictadura cívico militar en nuestro país, le permitieron al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) incluir desde su inicio, no sólo la variable de la cantidad de personas desaparecidas como resultado de un plan de exterminio, sino principalmente, las variables individuales que establecían un patrón y tenían que ver con la búsqueda de una persona en particular para determinar las instancias y situaciones por las que había pasado.

Carlos «Maco» Somigliana integra el EAAF y se especializa en temas de investigación histórica. “Si bien todos hacemos todo, como en cualquier ONG, tenemos el convencimiento de que las búsquedas son a partir de indicios sobre qué pudo pasar con esa persona, dónde la mataron, cómo la mataron, dónde la enterraron o dónde la dispusieron y la siguiente pregunta es, quién lo hizo”.

El EAAF nace en 1984 a partir de la llegada al país del antropólogo forense Clyde Snow, invitado por la CONADEP y por intermedio de la ONG, Acción Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS).

-Te propongo que hagamos un repaso de la historia del Equipo…

-Clyde asume el tema de la desaparición de persona como un problema concreto, que tiene que ver con la identidad de esas personas y como un tema que, por ende, se puede resolver de alguna manera, en algunos casos. Él comienza a revisar cada uno de los casos de desaparición y se da cuenta de una serie de cuestiones generales que marcan toda la búsqueda de personas desparecidas, desde entonces hasta ahora. Cuestiones que al principio y en abstracto, parecen bastante obvias, pero que como marco teórico resultan muy útiles: había una campaña de represión clandestina, y centros clandestinos, que esos centros ejecutaban a una gran cantidad de sus prisioneros, y que los cuerpos de esas personas, eran dispuestos de distinta manera. En algunos casos, había vuelos, con lo cual la recuperación de los cuerpos era muy excepcional; y en otros casos y centros que no tenían acceso a vuelos, el mecanismo más común, era llevarlos a algún lugar, fusilarlos y dejar el cuerpo a disposición de la autoridad jurisdiccional  administrativa correspondiente.

Esto es muy importante porque lo que él ve, es que ya por ese entonces, aparecen los primeros indicios de verosimilitud de este modelo. Él nota que las actas de defunción, que es un documento público que hace un oficial de Registro Civil cuando aparece una persona muerta, tenían un componente novedoso y diverso contemporáneamente, con la campaña de represión. Es decir, había muchos mas NN de los que había habido históricamente. Pero las características eran distintas, porque los NN históricos eran hombres mayores -lo que se conocía como personas en situación de calle- que fallecían por diversos motivos, que morían solos y por causa de muerte no violenta. Entonces, empieza a registrar que esos documentos públicos implicaban un cambio muy notorio, porque ya no eran sólo hombres, sino que también había mujeres, que no eran mayores, sino que eran jóvenes, que no morían de manera individual, sino que morían en hechos colectivos, y que su causa de muerte, mayoritariamente, era violenta. Por lo tanto, en el período, una y otra cosa, debían estar relacionadas. Había que tratar de establecer la relación entre: la desaparición de una persona, que era conducida a un centro clandestino -allí estaba una X cantidad de días- y luego cuando la asesinaban, la despojaban de su identidad porque aparecía ya sin documento, y el Estado que no hacía mucho para identificarla por eso teníamos un NN enterrado en un cementerio de algún lugar. En cuanto a esto último, desde la aparición del cuerpo hasta su inhumación como NN, tiene como interesante que al intervenir la autoridad administrativa, había documentos que decían dónde y cuándo había aparecido, con quién, dónde había sido llevado y enterrado. Eso implicaba la posibilidad de recuperar ése cuerpo y, eventualmente, identificarlo.

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Hace treinta años, la posibilidad de hacer comparaciones genéticas, todavía no estaba en el horizonte, entonces la única manera de hacer esas comparaciones eran los datos pre mortem (odontológicos, fracturas, etc.) que permitieran establecer que si ése rasgo que estaba presente en vida, se veía en una persona fallecida, implicaba la posibilidad de identificar. Si bien era limitada por ese mecanismo, quedaba demostraba la posibilidad de establecer el destino de algunas de las personas desaparecidas. Más adelante, se profundizó la investigación histórica: a qué lugar concreto había sido llevada cada persona en particular, y por qué. A partir de ahí, tener el conocimiento de que ése Centro funcionaba de una determinada manera que implicaba que a esa persona la tenías que buscar como correlato de un vuelo en la costa, o en el caso de centros que no tuvieran acceso a algún medio aéreo, en un cementerio como NN. Esto funcionó tal como lo relato, por ejemplo, en el área metropolitana de Buenos Aires, pero por ejemplo en Córdoba, solo había un centro clandestino que era La Perla, las personas eran asesinadas en el mismo centro e inhumadas clandestinamente en el mismo predio. En cualquier caso, lo que se estableció ya en aquél momento y que se fue desarrollando con el tiempo, es que la situación no quedara tal como los victimarios la habían dispuesto. Se logró establecer ese vínculo, y eventualmente, hacer la identificación con lo que eso implica en términos de verdad, de duelo para la familia y obviamente, como material para la Justicia respecto del hecho establecido.

-¿Cuáles fueron las transformaciones que tuvo el método de trabajo a lo largo del tiempo en cuanto a las búsquedas?

-El cambio más significativo fue la posibilidad de hacer comparaciones genéticas y a partir de ahí, identificaciones. Porque no es que hubiera que buscar un rasgo específico de la persona, sino que con una muestra de sangre de un familiar suficientemente directo, podía establecer un patrón genético, que comparado con el de la persona cuya identidad era desconocida, podía establecer una vinculación de parentesco. A partir de eso, hicimos una gran campaña en 2006, 2007 y 2008  que sigue vigente a la fecha, para tomar muestras de sangre de familiares de personas desparecidas. Esas muestras, que hoy son más de 10 mil, se han secuenciado, y esas secuencias, se han comparado con las secuencias provenientes de esqueletos recuperados en muy distintas circunstancias. A partir de esa comparación, surgen encuentros, matches entre uno y otro, y eso permite establecer la identidad de una persona aún cuando no haya un rasgo pre mortem suficientemente indicativo de esa identificación. La prueba genética, permite establecer con probabilidad superior al 99,99 % que se trata de un familiar de esa persona.

-¿Y en relación a los casos en los que se han realizado búsquedas a partir de los vuelos de la muerte, cuáles son las diferencias y los resultados que han tenido?

-Esos casos son bien complejos, porque la posibilidad de recuperación es inferior. Las personas que aparecieron en costas -de río o de mar, tanto del lado argentino como del lado uruguayo- se ha documentado en más de cien personas en estas condiciones. Lo cual quiere decir que el porcentaje de personas en las que ese vuelo de la muerte fue eficiente, para lo que los victimarios querían, es altísimo. Un gran porcentaje de esas personas no han aparecido en costa. Ahora bien, de las que sí aparecieron, ya desde el principio, había indicios: en Uruguay apareció una persona con una cédula de identidad argentina en el bolsillo del pantalón que vestía, también está la aparición de Floreaul Edgardo Avellaneda, un caso muy famoso de un adolescente secuestrado en Argentina que apareció flotando en la costa de Montevideo. Sin embargo, la imposibilidad de tener un mecanismo eficiente y suficientemente extendido de identificación, muchas veces impedía hacer identificaciones masivas.

Desarmar la impunidad: el caso de las tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo y de las monjas francesas desaparecidas

El primero caso en el que nosotros participamos, incluso en la investigación, fue el caso de las madres de Plaza de Mayo y de una de las monjas francesas. Cuando hablaba antes de la intervención del Estado en su rol burocrático, muchas veces ése Estado actuaba del siguiente modo: cuando una persona aparecía, le sacaba huellas digitales, tal vez no lo suficientemente buenas como para establecer la identidad comparada con cientos de millones de huellas, pero simplificaba y acotaba el ámbito de comparación, exclusivamente, al de personas desaparecidas. En ese sentido, tuvimos acceso a través de un Tribunal, a una huella digital que pertenecía a una mujer que había aparecido flotando en la costa de Santa Teresita, en diciembre de 1977. Fue así que pudimos establecer que esa persona era Angela Auad. Angela, había sido secuestrada en la Iglesia Santa Cruz, en el marco de los secuestros ocurridos entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977. Como esa persona había aparecido contemporáneamente con otras seis personas –y si bien a estas no les habían tomado huella digital pero todas habían sido inhumadas en el cementerio de General Lavalle, en el Municipio Urbano de la Costa- con la autorización de la Cámara Federal de Capital, fuimos al cementerio y pudimos recuperar los cuerpos de esas mujeres. En los términos de lo que venimos hablando, esta aparición también era algo bastante excepcional porque se trata de mujeres mayores, y como no había tantas mujeres mayores desparecidas con anterioridad a diciembre de 1977, sabiendo que Angela Auad había sido secuestrada en la Iglesia Santa Cruz, supusimos que se trataba de personas provenientes de un vuelo de la Escuela de Mecánica de la Armada. Por ende, empezamos a pedir sangre a familiares directos de esas personas. Como resultado de esa comparación, se pudieron identificar a las tres madres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo: María Eugenia Ponce, Azucena Villaflor y Esther Ballestrino, junto con una de las monjas francesas, Léonie Duquet. Esto fue entre 2004 y 2005, cuando empezamos la campaña de recolección de muestras masivas de ADN y habiendo recuperado los restos de unas catorce personas que habían aparecido en diciembre de 1978, también en la costa argentina, entre Santa Teresita y Villa Gesel, donde se pudieron identificar y se supo que la mayoría provenían del Centro Clandestino El Olimpo.

EAAF - 1989

Con el mismo mecanismo trabajamos en Colonia, Uruguay, para recuperar ocho personas que habían aparecido en la costa en distintos momentos y de esas personas, hasta ahora, hay cinco que se han identificado por comparación genética.

Me interesa remarcar que era muy probable que hubiera vuelos, se sabía que los había, pero no era tan sencillo establecer la identidad de sus víctimas, ni su ubicación. Hay bastantes testimonios acerca de la posibilidad de que hubieran arrojado victimas al rio Paraná y al delta entrerriano, y la existencia de tantos testimonios de distintas fuentes, lleva a pensar que esta era una práctica utilizada. En la etapa en la que estamos ahora, es buscar donde pueden estar inhumadas las víctimas de esos vuelos, y eventualmente, tratar de recuperar sus restos e identificar a esas personas. Ese circuito por ahora está denunciado, pero no se ha podido todavía dar nombre a las víctimas.

-La referencia científica mundial y científica en antropología forense que ha logrado el EAAF, les ha permitido sumarse a equipos de investigación en el exterior para la identificación de personas asesinadas en diversos hechos. ¿Cuáles son esos desafíos en relación a los aspectos técnicos y políticos para la reconstrucción histórica?

-Lo que había sucedido en Argentina, también había ocurrido en otros países de América Latina y de todo el mundo, por eso es que se pudo aplicar a otras realidades históricas diferentes. Pero dado que en cada lugar las circunstancias son distintas, la capacidad del Estado es distinta, se evalúa cómo esta idea abstracta se aplica, si es que se puede. Hay países donde hace diez años han sucedido graves situaciones de violación a los derechos humanos pero no se puede trabajar porque las circunstancias políticas de ese país lo impiden. En esos casos, solo se puede preparar las condiciones para más tarde: documentar, tomar muestras de sangre, etc. pero no vas a poder excavar. En otros lugares, están dadas esas condiciones pero hay una ley de Amnistia que impide el juzgamiento. Es decir, en cada lugar hay que amoldar esta práctica a las circunstancias políticas históricas actuales. Hay países donde, como en Centro América, avanzas en el marco de convenios de paz firmados entre las partes, se pueden tensar los limites pero tenés que respetar eso porque si no se termina no haciendo nada.

EAAF - 2011

Hay algo que es fundamental, que es escuchar a las personas para quien trabajas, que no son las personas que pagan sino para las que vas a tratar de recuperar su familiar y entregárselo. Hay que escuchar qué quiere, cómo y cuándo lo quiere. Y esto es así en casos de violencia política, como en casos de violencia institucional actuales, en casos de mala praxis del Estado actuales, casos de femicidios, casos de falta de idonedidad de un Estado determinado para identificar a las personas, lo cual es su responsabilidad. ¿Cuál es el eje principal en torno de este desafío? Es que la persona no desaparece, desaparecer es un eufemismo para hablar de otra cosa. Eventualmente, hay un mecanismo estatal, paraestatal o no estatal que se encarga de hacerle algo a esas personas, asesinarlas y ocultar sus cuerpos. Eso no es desaparecer, es decir, frente a eso hay cosas que se pueden hacer, sin garantía de éxito en cada caso en particular. Pero hablar de desaparición, es inexacto. En cambio, de lo que se trata es de saber qué pasó con esa persona, dónde la mataron, cómo la mataron, dónde la enterraron o dónde la dispusieron y la siguiente pregunta es, quién lo hizo. En el proceso de identificación, suelen aparecer elementos para establecer la responsabilidad de quién hizo eso.

-Por último, me interesa poner en el centro la dimensión histórica para preguntarte cuáles son las tensiones, y los avances, si es que los hay, en materia de derechos humanos a lo largo de estos años. 

-Es una pregunta muy difícil porque uno corre el riesgo de mencionar todos los cambios positivos que esta sociedad ha desarrollado para enfrentarse a una cosa tan terrible como la desaparición de personas. Lo pienso en relación a los aprendizajes que hemos hecho como sociedad y el riesgo es creer que es algo que ya está hecho, entonces nos sentamos a esperar. En cambio, lo interesante, es ver cómo una sociedad puede aprender y enmendar, en la medida de lo posible, cómo puede curar y cómo a mediano y largo plazo, la visión que esa sociedad tenia de una determinada cuestión, de sí misma, va adquiriendo una dimensión más rica. De alguna manera, vamos dando esos pasos.

Pero además de hacernos más lucidos con lo que nos pasa, también por otro lado nos brutalizamos. Creo que es una lucha mental de todos los días, tratar de ganar más de lo que perdemos. Espero que sirva para pensar al Estado como mecanismo represor o destructor que esta sociedad padeció y aceptó eso. Afortunadamente y tras muchos años, nuestra sociedad ha modificado su punto de vista respecto de esto y entonces lo puede modificar también respecto de otras cuestiones, como el maltrato hacia los indefensos en general, niños, mujeres, pobres. ¿Cómo podemos mejorar en ese sentido? Es una esperanza, pero el movimiento de los derechos humanos ha hecho su aprendizaje y ha permitido a la sociedad hacer el suyo.

 


*Carlos Somigliana es investigador, integra el Equipo Argentino de Antropología Forense.

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